Se respira un aire de esperanza

Ya llegaron los días en los que el olor del aire es distinto, particularmente distinto. No sabría describirlo exactamente. Lo he puesto en mi diario como que "huele a Navidad"; y no es que huela a pino, a galletas, a ponche o similar; creo que tiene que ver con el frío y el sol, es un aire crispy, crocante.

Es un misterio para mí misma que relacione esa particularidad del aire con Navidad y con el sentimiento de esperanza. La relación debe estar muy atrás en el tiempo, o muy profundo en mi memoria.

Quisiera reforzar el sentimiento. Es que esa sensación es una de mis anclas psicológicas, una especie de hogar. No todas mis memorias navideñas son lindas, de hecho tengo unas bastante dolorosas, pero no me importa, elijo creer en el espíritu que despierta la época. No tengo muy en claro cómo reforzar el sentimiento, a lo mejor llenarme de él cuando llegue es la mejor opción.

Podría relacionarlo activamente con bebidas calientes y especiadas, como el chai que una vez hizo una antigua maestra de yoga (le hubiera pedido la receta). ¿Qué tal que cuando huela este aire peculiar, me imagine unas avellanas cubiertas de chocolate y, si es posible, me las consigo? También se me despierta la idea de cobijo y paz… podría oler activamente la lana de un suéter o una bufanda.

Me he acordado justo ahora que escribía en alguna vez que caminé por las calles del Centro de la Ciudad de México con mi mamá, mirando los escaparates de Liverpool y el Palacio de Hierro. Seguramente he romantizado ese momento. El olor a perfume. El frío de las mejillas desapareciendo al entrar a una tienda y reapareciendo al salir. En mi recuerdo no puedo ver a mi mamá, sólo sé que voy con ella.

Si tan sólo pudiera se menos rígida y me permitiera días de abundancia como me enseñaron mis padres, sobretodo cuando estoy sola, creo que le haría bien a mi alma.

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