Una palabra, muchas miradas

Cuando solo tenía la formación de ingeniera, pensaba que un término se refería invariablemente siempre a lo mismo, que tan pronto como uno comprendía el significado de una palabra, ya uno la podía usar como ladrillo para ir construyendo ideas. Luego me metí a estudiar filosofía y aprendí que no. Depende de a quién estás leyendo el significado de una palabra se modifica y a veces el cambio es importante. Así que, por ejemplo, la palabra “hombre” en un texto filosófico no señala siempre a una persona del sexo masculino ni al género humano. A veces, detrás de el uso de una palabra está una crítica, una idea política, una conformación de valores.

Hay otras palabras más complicadas como Ego. A veces el pensador tiene en mente el alma, a veces la identidad, otras la individualidad centrada en sí misma, otras el yo como señalamiento a un individuo. Y pues así entramos en el mundo expansivo de las ideas. El alma aparece como una palabra que hace ruido junto con ánima, espíritu, psique. La psique con mente, razón, cognición. 

Total que estoy confundida. 

Bueno, que les digo cuando Heidegger sale con Dasein y se empieza a leer el término como Ser (con todo y mayúscula). 

Necesito construir un mapa. La energía no me da para hacerlo des una sentada (ni de varias). Necesito que mi cerebro y mi ánimo se encuentren en la mejor disposición para al menos hacer el primer planteamiento de mi sistema teórico.

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