Evento de regreso del tianguis
Como todos los miércoles desde que cuido a mi mamá, voy al tianguis que se pone a unas calles. Compro verduras para hacer sopa que dure toda la semana. Pasar entre los puestos tiene su parte entretenida: ver lo que ofrecen y a cuánto lo dan. Hoy, por ejemplo, iba buscando una aspa de la licuadora con la que hago los batidos de leche y fruta de todas las mañanas; como se trata de una Oyster, no tuve problema en encontrar la refacción. De regreso, arrastrando el carrito con una mano y con la correa de Abril, que me acompaña a todos lados, en la otra, iba haciendo cuentas mentales de lo que había gastado. La refacción de la licuadora implicó un gasto significativo para mi presupuesto. Con eso en mente sentí que alguien me hablaba, giré la cabeza a la izquierda; detrás de una reja una mujer me saludaba; yo no entendía de qué se trataba. La mujer salió a mi encuentro, me ofreció hacerme una prueba gratuita del papiloma; paso otra mujer por la calle y también se la ofreció: "¿Ya te hici...




