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Ni lo uno ni lo otro

Cuando escribía mi tesis de maestría recibí una observación en la que aún practico. En mis reflexiones tiendo a adoptar un estilo prescriptivo, tiendo a querer que las cosas estén bien, a que estén arregladas para disminuir la cantidad de preocupaciones.   ¿Qué sé yo de nada? En mi tesis traté de reconducir mi pensamiento. No quería decantarme por señalar qué era lo correcto, me esforcé en no caer en un patrón del que no había sido consciente por años. Quizá era que el patrón se había acentuado.  Por la razón que sea, traté de tomar decisiones con base en lo que se debe hacer; con base en lo que leía, lo que me decían. La educación escolar tiende más a delimitar y conformar que a estimular la duda. Se suma así, por qué o para qué no importa, lo importante es sumar cómo se dice. En las clases de historia ya se han separado los buenos de los malos, al igual que en el catecismo. Y yo quería ser buena y hacer lo que se me decía para que me quisieran. Pero la vida no es una ciencia...

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