Ni lo uno ni lo otro



Cuando escribía mi tesis de maestría recibí una observación en la que aún practico. En mis reflexiones tiendo a adoptar un estilo prescriptivo, tiendo a querer que las cosas estén bien, a que estén arregladas para disminuir la cantidad de preocupaciones.  

¿Qué sé yo de nada?

En mi tesis traté de reconducir mi pensamiento. No quería decantarme por señalar qué era lo correcto, me esforcé en no caer en un patrón del que no había sido consciente por años. Quizá era que el patrón se había acentuado. 

Por la razón que sea, traté de tomar decisiones con base en lo que se debe hacer; con base en lo que leía, lo que me decían. La educación escolar tiende más a delimitar y conformar que a estimular la duda. Se suma así, por qué o para qué no importa, lo importante es sumar cómo se dice. En las clases de historia ya se han separado los buenos de los malos, al igual que en el catecismo. Y yo quería ser buena y hacer lo que se me decía para que me quisieran.

Pero la vida no es una ciencia exacta. La experiencia de la existencia carece de precisión matemática. Hacer las cosas by the book no garantiza el mejor resultado. La vida me mostró una y otra vez que no tenía el control. 

Quise comprender de qué iba todo esto de la existencia humana. Los filósofos, aprendí, dedican su vida a pensar en ellos desde diferentes perspectivas, métodos y modos de cuestionamiento. Leí a algunos de ellos. Descubrí que había otra forma de pensar distinta a la razón lógica y analítica. Entonces fue cuando me vi a la razón como una forma de dogma y la taché como la mala de la película. Pero al hacerlo caí en lo mismo, en señalar que sí y qué no. 

He tratado de no sólo señalar que hay diversas formas de pensamiento y aproximaciones, sino de aceptar que las hay. Me ha resultado angustiante porque mi cabeza me dice que nadie daba nada y que entonces la vida no tiene ningún sentido. Y otra vez caigo en la trampa de calificarlo todo de una manera, no sé si puedan verlo. 

El aprendizaje que trae la experiencia humana no es acumulativo, no edifica un sistema. A veces se toman suposiciones para experimentar; otras veces se abandona lo creado para probar otro camino; y otras simplemente se está. Hay subidas, bajadas, planicies, aceleración y estancamiento. En cada estadio se crean sistemas y ninguno es total. 

Y sin embargo quiero saber cuál es la verdad. La verdad como el camino infalible. 

¿Cómo comprender el espacio entre no hay una verdad infalible y todo es absurdo? ¿El entre del no hay final del camino y la necesidad de procurarnos un destino?

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