Antes, cuando no sabía todo lo que podía pasarme, era, si no feliz, al menos esperanzada. La experiencia te hace más sabia, no más feliz. 

La repetición de eventos funestos en mayor o menor grado, los conatos de tragedia, el constante  dios-mío en la boca, siembran un futuro madmaxiano del que luego es difícil escapar. La inspiración se confunde con el pánico. Lo que antes impulsaba ahora hunde en el fango. 

Y nadie, o casi nadie, se da cuenta. 

La palabra enmudece porque en el fondo una luz avisa de que todo es un sinsentido. Pero el lenguaje, que no es solo voz ni letras, late. Es posible sembrar la semilla de la poesía. ¿Resistirá el invierno?

Debemos creer en la primavera. Es cuestión de supervivencia. 

He esperado. La vida sigue sucediendo. Un reto tras otro. 

Tengo mis propios indicadores de estabilidad interna. Las pilas agotadas comienzan a llenarse. Es un proceso lento. “Vives en el ya merito”, me digo. No importa. 

Hoy estoy escribiendo y viendo arte. Un día lo que me cuesta trabajo, volverá a ser fácil. 

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