Love's bitter mystery (qué es esta existencia, oh Dios)
Estoy leyendo junto con unas amigas el Ulises de Joyce. Vamos de a poquito. Con este libro no se puede de otra forma, al menos yo no puedo. El libro me mueve. Stephen está recordando a su madre a la par de un poema de W.B. Yeats. De Joyce he tomado el título de esta entrada: love's bitter mystery. No se trata del amor pasional, se trata de la existencia, sus juegos que entrelaza los opuestos, se trata de la madre, de la muerte, de la culpa, de la ética personal.
Mi hermana está cansada de cuidar a mi madre y quiere que la llevemos a un asilo. Estoy aterrada.
Nos conducimos en la vida a través de arquetipos introyectados, inconscientes. Crecí con la idea de que morirse de viejito está bien, de entre todas las alternativas posibles. Pensaba en la vejez como algo que le pasa a alguien más, al igual que la muerte. Cuando murió la mamá de mi papá, estuvo bien para mí. Vi a mis tíos y a mi papá sufrir y me parecía tan distante. En esa época empecé a beber café, era 1986. Disfrute mucho de los rosarios con café y galletas rellenas de crema de limón. Era normal, estaba bien. Mi abuelita duro como un año en crisis. Tuvo demencia evidente sólo por un año. Fue causa del accidente de mi tía, era lo que pensaba. Claro que no. O sí. En los últimos días, mi mamá fue or un cura católico para que le diera la extrema unción. Mi abuelita tenía años convertida al evangelismo. Igual, cuando el cura le preguntó su nombre, mi abuelita lo dijo con suma claridad. Está cerca, pensé.
Yo quiero morirme de viejita recostada en un árbol tras un día de campo. Ese era mi sueño de hadas. Un día de campo, el sol, el pasto, la compañía, la vida satisfecha.
Me dijeron que el envejecer incluía la calma y la sabiduría. ¿No es este el arquetipo al que alude la carta 30, los Lirios, del oráculo de Lenormand?
Cuando empecé a pensar en lo que era ser mujer, eran tiempos de pandemia y yo cursaba la perimenopausia. Este pasaje de las mujeres que hace evidente que están envejeciendo. Recuerdo que estaba en la entrada de mi casa, parada justo en el umbral cuando me vino, como si me fuera propio, la idea de que ya vieja era inservible. Me sorprendí, claro. El cuerpo cambia de manera evidente y contundente sin pedirte permiso y sin que puedas hacer nada. Ahí, ante tus ojos, el cambio llega. La piel se seca, las canas aparecen. Yo decidí dejar de pintarme el cabello por aquellos días porque era insostenible estar retocándomelo cada quince días. Me miraba al espejo cada día, y cada día veía y sentía el envejecimiento. La piel pierde firmeza. También constante los cambios cognitivos. Terror.
Quise comprender la experiencia del envejecimiento a través de algún pensador. Me di cuenta que el arquetipo del sabio era representado bajo formas masculinas. La opción femenina era la vieja bruja con una verruga en la nariz. Para allá iba. La vieja-bruja-sola-espanta-niños. Esos arquetipos los traigo tatuados dentro. No sé ni cuando me compré todas esas ideas.
Mis ojos voltearon a ver lo que antes pasaba de largo. Los viejos.
El arquetipo del viejo es uno, la vejez en carne y hueso es otra. Las ilusiones se caen. Y si no era suficientemente claro con mi cuerpo, la vida me puso enfrente a mi madre. No puedo voltear la vista, no puedo hacer como si mi madre no existiera. Se está haciendo chiquita. A veces agradezco que su demencia no le permita tener tan en claro lo que ella está viviendo.
(miento madres en silencio)
Escuché demasiado tiempo el discurso del progreso, del ir a mejor, de la conquista, de la voluntad indoblegable. La curva de la gráfica ya no apunta hacia arriba. La vida también es pérdida y despedidas. El cuerpo no miente.
¿No hace la humanidad entera esfuerzos por combatir el mayor de sus miedos?
Un año duro Nietzsche en la locura. (Ecce homo. Cómo se llega a ser lo que se es). Love's bitter mystery. ¿Es el dolor necesario?
Mi madre lleva tres años en este viaje en el que la estoy acompañando. Este camino parece una predestinación, una ineludible tarea que no me deja cerrar los ojos. Love's bitter mystery.


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