Producción mental mientras conducía

De camino a la clínica veterinaria en donde operaron a Abril, paso por la Calle 4 que conecta Tlalpan con Miramontes. Venía conduciendo con relativa calma pues iba con tiempo para la cita, a pesar del tráfico. Me llamó la atención que nunca había notado una quesería gourmet, la vi bastante surtida e hice una nota mental para hacer una escala la próxima vez que pase por ahí. 

El queso me gusta mucho, es una de mis comidas confort con las que me recibo en casa después de pasar días cuidando a mi mamá. El queso también está relacionado a una de mis memorias mas añejas. Cuando iba a la guardería, me pasaba por la cocina para que me dieran quesito, su especial sabor se me quedó grabado, pero no de una manera que lo pueda describir o relacionar. Una vez lo recordé cuando mi tía Raquel, la hermana de mi papá, en una de las noches que me quedé a dormir en su casa, me hizo de merienda frijoles negros con queso; en ese entonces era todavía chiquita como para que se me ocurriera preguntarle qué queso era, para mí el queso no tenía apellidos. 

En el camino también me encontré con una tienda de homeopatía. Ese lugar me produjo emociones completamente diferentes, pues he asociado las gotitas con mi búsqueda de alivio a todos los malestares que me despertó la perimenopausia. Nunca supe si me aliviaban algo o eran los ciclos hormonales que me dejaban descansar un poquito. Ojalá un día ya pueda dejar atrás esa etapa larga de vulnerabilidad. 

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