Escribiendo mientras hago bici
Ayer no hice bici, simplemente porque no me dió la gana. Primero tenía sueño, luego ya era hora de hacer la cena, después ya era muy tarde y mi toalla para secarme al salir de la regadera todavía no se secaba. Decidí que hoy, día que me toca limpiar toda la casa de mi madre, me apuraría lo más posible para hacer 40 minutos de bici estacionaria.
Ya estoy haciendo bici. Lo que quiero es escribir. He estado pensando en cómo continuar mi novela sobre Sofía. Diría que estoy en la última parte. Luego me dedicaré a la edición. Tengo ganas de ya editarla. No he seguido porque no siento la punzada emocional, solo la ansiedad mental de una tarea sin terminar.
Me ha salido un fuego en la boca. Me salen desde la primaria. Varias fotos escolares de termino de ciclo, salgo con mi fuego, una bola morada por la violeta de genciana. Cuando trabajaba y me salía el ramo de bolitas me empezó a fastidiar la idea de que me vieran, no faltaba el idiota que me preguntaba si me habían mordido o iba más lejos e insinuaba una noche candente. Cero etiqueta en el trabajo. Luego me entró la preocupación porque la gente pensara que los iba a contagiar.
Llevaba unos buenos años sin que me salieran. Durante la maestría y la pandemia no me salieron. Volvieron apenas el año antepasado, bueno, justo el día que mi mamá quiso visitar a su hermano. Mi mamá encontró a mi tío lastimosamente encorvado y a mi tía en cama; no pudo evitar su expresión de lástima. Recuerdo que mi mamá le insinuó a mi tío que ya se “fuera”. Mi tío le contestó, “yo estoy bien, muérete tú”. Mi tío ya murió, meses después mi tía lo siguió. Mi madre sigue en el planeta arrastrando los pies y encorvada.
Al salir por la leche, meses acordé que una amiga me dijo que el jugo de la granada era bueno para tratar los fuegos. En el condominio hay una granada con varios frutos, busqué uno que pudiera bajar. Ya me he puesto el juguito.
Bueno, he cumplido con la bici. Me voy a bañar.



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