Misma taza, diferentes circunstancias
Tiene bastante tiempo que me estresa la planeaciones del futuro. Además, desde que comencé mis estudios de licenciatura en filosofía, una pregunta y una declaración se descubrieron ante mí como revelación trascendental y siguen aguijoneándome: (1) ¿Qué quieres? (2) No hay garantías.
¿Por qué me estresa la planeación? Porque ni las visiones de vida, ni las metas a largo plazo, y ni siquiera la planeación del día en el que se vive, me han resultado no me acuerdo desde hace cuánto. Me queda muy claro que el control es una ilusión, al menos para mí. Mis sueños se han colapsado uno tras otro. Cuando me dije que podía contar con mi intelecto y que era perfectamente viable leer un libro en mi casa y usar lápiz y papel, perdí mi capacidad de concentración, mi retentiva e incluso dejé de poder acceder a memoria. Cuando me dije que tenía el poder sobre cómo reaccionó ante las situaciones, me vino un desajuste hormonal que me dejó en claro que ni siquiera mis estados de ánimo me pertenecían, que incluso no se correspondían con mi circunstancias externas. He dicho, hoy voy a ver fulana serie de TV (¿qué es lo complicado en eso?) y se va la luz, o el internet, o termino en un hospital. No es que la incertidumbre suceda todos los días a todas horas. O sí. Lo que quiero que cambie no cambia, lo que quiero que permanezca se disuelve.
Venir a escribir aquí ya no lo planeo. Vengo cuando se dan las condiciones. Agradezco que se den, agradezco mucho. He venido proponiéndome retomar la escritura por años, no he podido por las razones que sean. Hoy se ha dado, hoy aprovecho. Mañana no sé.
Así que, con la posibilidad del ingreso de mi madre a un asilo, con la posibilidad de recuperar algo de mi vida personal, la pregunta no se hizo esperar: ¿qué quiero hacer con mi vida? Respuesta: no lo sé y tengo miedo de pensarlo.
Qué atractiva era la entrada a una nueva vida en el 2008. Qué desconcertante y angustiante se me presenta ahora. La taza con café que tengo a mi lado ha estado conmigo en tantísimas y diversas ocasiones. Me gustaría poder hablar con ella y preguntarle, ¿y ahora qué hacemos?
Escribo esto buscando conjurar el miedo y correr el velo de la indeterminación de mi propia disposición-indisposición. Me gustaría sentir que mi vida es mía y no soy sólo una pasajera cursando sobre un mar agitado.



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