Ir al contenido principal

A la escandinava

Como parte del proceso de adaptación en las tierras del norte, estuve trabajando en mi cabeza la idea de estar preparada para un día de sol en bikini. El día ha llegado señores.

Estaba sudando en el departamento y se acercaba la hora de pasear a Mac y Meg, no había escapatoria, la hora del bikini había llegado. Me lo puse y preparé la maleta con lo esencial, un trapito para recostarme sobre él, un libro, mi celular, mi computadora y mi tarjeta de internet. Tomé a mis perros y a la basura (los contenedores me quedan de paso al paraíso terrenal). Como podrán ver no empaqué lentes de sol, ni bronceador, ni agua. Pero no podíamos dar macha atrás. Los perrines ya quería hacer pis y el día podía cambiar de humor en cualquier momento.

Una vez hecho las escalas de rigor: árbol de Mac, pastito de Meg y contenedores, llegué a unas canchas de futbol. Escogí una portería para amarrar a los perrines y empecé con la desvestida como quien se hubiera robado algo. Eche una ojeada para ver si era lo única, bendito Dios habíamos varios en posición de vénganos tu reino.

Me tomé unas fotos como evidencia (no salen muy bien porque mi brazo no da el largo requerido para captarme a mí y al paraíso terrenal) pero son suficiente como para que me acuerde del día en el que por primera vez mi ombligo vió el cielo azul como el ojo de Meg.

Qué tranquilidad, el viento pasa a velocidad justa para refrescarme. Meg echada a mi lado hace juego con las nubes regordetas que pasan por el cielo. Mac inquieto como siempre se asegura que nadie se acerque por ninguno de los puntos cardinales hasta que queda echo nudos y empieza dar saltos de cojito.

Ya llevo una hora, necesitaré más de un día para que toda mi piel tenga el mismo color de mis brazos, pero no hay prisa, se que los días llegarán.

Entradas populares de este blog

Qué chulada de maíz pinto

Crecí oyendo a mi papá decir con enjundia "¡Qué chulada de maíz pinto!" cuando le veía las piernas a mi mamá y después se las estrujaba con las mega-manotas que Dios le dio.

Hasta hace poco no tenía una clara idea de lo hermoso que es el maíz azul (con el que hacen las tortillas azules que saben a gloria) hasta que de golpe lo vi en el mercado de Xochimilco, esta foto no me dejará mentir, su belleza es asombrosa.

No sólo los seres mueren

Aunque bien es de todos conocido que todo aquello dotado de vida e individualidad cuál célula autocontenida, dígase hombres, animales, plantas, organismos… mueren, y que sólo los hombres se enfrentan a su muerte con antelación como la más temida e ineludible de las profecías, pocos experimentan, como tal, la posibilidad.

No se necesita haber estado cerca de perder la vida para tener experiencia de tal posibilidad. Es más, ni siquiera este tipo de experiencias logran arrancar a todos del "pero todavía yo no" que funciona de tabla de salvación. 
Pero no sólo mueren los individuos. También mueren las relaciones, los placeres, los contextos, las ideas, los estados políticos y sociales… vaya, las situaciones sobre las que uno se experimenta como uno mismo. Somos en situación. Nos definimos por la situación en la que nos queremos encontrar, la situaciones en las que hemos estado y la situación en la que nos encontramos. Y todas ellas mueren. 
Nada permanece. Nada. 
La vida se nos…

El arte de no tener prisa

No hay nada en este mundo de hoy que nos persuada de no tener prisa, al contrario, aquí no hay tiempo para nada, todo ya va tarde y lo más importante: estamos a un paso de la muerte.

Vivimos en un estado de aceleramiento que ha probado no llevarnos a ningún lado. Todas las decisiones apresuradas no hacen sino robarnos el tiempo bajo la aparente eficacia de quién ya siempre está puesto en marcha sin una evaluación detenida de dónde está y que es lo que realmente quiere. 
Las decisiones apresuradas no sólo nos quitan el presente, también nos roban el futuro al llevarnos a situaciones caóticas que sólo lucieron razonables en los dos minutos que les dedicamos a pensarlas. Decidimos con base en nuestras angustias, pero peor todavía, decidimos basándonos en lo que debiéramos hacer para mantener en desarrollo el estado en el que nos vemos más deseables, más exitosos. Dicho de otra manera, decidimos con base en las apariencias y no de acuerdo a nuestras circunstancias. Decidimos como si tuvi…