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La comida me mata

Me he topado con un programa de unos británicos visitando Oaxaca y de inmediato me quedé prendida de las imágenes de lo conocido. Frente a mis ojos se comieron un tamal verde, uno de mole y luego se fueron al mercado a ver los chiles con los que se hace el mole.

En una tienda de Södermalm se pueden encontrar varios chiles que los venden a precio de oro. Los tienen almacenados en unos frascos, así que para hacer un buen mole habría de comprarlos todos y a lo mejor ni así alcanzaría (tiene muy poca cantidad de cada uno).

Pero regresando al programa, casi se me cae la baba cuando les veo entre las manos un sope con frijoles refritos y salsa verde. Luego llegó el momento en que se ponen a preparar algo con productos mexicanos pero que luce como canelones, mientras preparan el pollo y muelen los frijoles en la licuadora (mi abuelita se hubiera espantado de ver tal atrocidad, cuando ella les daba su tiempo y los iba apachurrando mientras se iban friendo) unos mariachis se acercan a cantar, la cámara tomas sus caras y lucen tan diferentes de la de los británicos, no por las diferencias evidentes de la raza sino por la calidad de vida, por el trabajo que se debe realizar y por el deseo de agradar al extranjero.

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¿Qué debemos hacer?

"¿Qué debemos hacer?" Así empieza Cuadernos negros (1931-1938) de Heidegger seguido de otras preguntas que acentúan el carácter de esta primer pregunta: ¿Quiénes somos? ¿Por qué debemos ser? ¿Qué es lo ente? ¿Por qué sucede el ser? Esto es filosofar.

Para los grandes filósofos, hacer la pregunta correcta es lo importante porque es lo que conduce el pensamiento y en último caso la acción. Pero saber preguntar no es sólo cosa de filósofos, es cosa de todos si es que queremos plantearnos de frente y sin evasiones lo más digno de ser cuestionado: el sentido de nuestra existencia a partir del quedarnos sin apresuramiento en la cuestión de qué somos. Desde luego, debe ser claro para quien genuinamente se pregunta por qué debe hacer, que respuestas inmediatas de qué somos: por especie, género, edad, clase social y demás clasificaciones, no proporcionan ningún esclarecimiento existencial. Ninguna respuesta dada por ninguna autoridad en tema alguno debiera ser tomada como respuesta …

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Crecí oyendo a mi papá decir con enjundia "¡Qué chulada de maíz pinto!" cuando le veía las piernas a mi mamá y después se las estrujaba con las mega-manotas que Dios le dio.

Hasta hace poco no tenía una clara idea de lo hermoso que es el maíz azul (con el que hacen las tortillas azules que saben a gloria) hasta que de golpe lo vi en el mercado de Xochimilco, esta foto no me dejará mentir, su belleza es asombrosa.

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