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Lugares de convivencia

Londres se encuentra repleto de negocios, hay de todo para comprar, de todo para comer y gran variedad de bares y cafés que aún con Starbucks pululando hay negocio para cafés de un sólo establecimiento o para otras cadenas como Nero o Eat.

Tener un lugar donde pasar el rato para navegar por Internet, escribir, leer, quedarse de ver con amigos o simplemente ver a la gente pasar es algo que siempre agradezco y la variedad me permite escoger el que sirve el mejor café, el que tiene mejor vista, el que hace frapé, el que vende galletitas o pastelillos, el que tiene los lugares más comodos, el más tranquilo o el que ofrece tarjetas de cliente frecuente.

Por la calle de Green Lines en Londres, me encontré otro tipo de lugar para estar, no es un pub, no es un café, no venden galletas. Es un lugar con cortinas rosas, mesas redondas con manteles en rosa y al fondo tiene videojuegos. Los que asisten al lugar miran la tele que está en una esquina y ya. Mi servicio de información me indica que es un lugar donde señores, cuyo origen es de algún lugar de oriente, se reunen para platicar, jugar, ver la tele y tomar té. No hay internet, no hablan por celular, van para estar entre ellos. Esto me pone a pensar, qué es mejor: integrarse a la sociedad a la que llegas o generar tu grupo que habla el mismo idioma que tú y tiene tus mismas tradiciones...

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Qué chulada de maíz pinto

Crecí oyendo a mi papá decir con enjundia "¡Qué chulada de maíz pinto!" cuando le veía las piernas a mi mamá y después se las estrujaba con las mega-manotas que Dios le dio.

Hasta hace poco no tenía una clara idea de lo hermoso que es el maíz azul (con el que hacen las tortillas azules que saben a gloria) hasta que de golpe lo vi en el mercado de Xochimilco, esta foto no me dejará mentir, su belleza es asombrosa.

No sólo los seres mueren

Aunque bien es de todos conocido que todo aquello dotado de vida e individualidad cuál célula autocontenida, dígase hombres, animales, plantas, organismos… mueren, y que sólo los hombres se enfrentan a su muerte con antelación como la más temida e ineludible de las profecías, pocos experimentan, como tal, la posibilidad.

No se necesita haber estado cerca de perder la vida para tener experiencia de tal posibilidad. Es más, ni siquiera este tipo de experiencias logran arrancar a todos del "pero todavía yo no" que funciona de tabla de salvación. 
Pero no sólo mueren los individuos. También mueren las relaciones, los placeres, los contextos, las ideas, los estados políticos y sociales… vaya, las situaciones sobre las que uno se experimenta como uno mismo. Somos en situación. Nos definimos por la situación en la que nos queremos encontrar, la situaciones en las que hemos estado y la situación en la que nos encontramos. Y todas ellas mueren. 
Nada permanece. Nada. 
La vida se nos…

El arte de no tener prisa

No hay nada en este mundo de hoy que nos persuada de no tener prisa, al contrario, aquí no hay tiempo para nada, todo ya va tarde y lo más importante: estamos a un paso de la muerte.

Vivimos en un estado de aceleramiento que ha probado no llevarnos a ningún lado. Todas las decisiones apresuradas no hacen sino robarnos el tiempo bajo la aparente eficacia de quién ya siempre está puesto en marcha sin una evaluación detenida de dónde está y que es lo que realmente quiere. 
Las decisiones apresuradas no sólo nos quitan el presente, también nos roban el futuro al llevarnos a situaciones caóticas que sólo lucieron razonables en los dos minutos que les dedicamos a pensarlas. Decidimos con base en nuestras angustias, pero peor todavía, decidimos basándonos en lo que debiéramos hacer para mantener en desarrollo el estado en el que nos vemos más deseables, más exitosos. Dicho de otra manera, decidimos con base en las apariencias y no de acuerdo a nuestras circunstancias. Decidimos como si tuvi…