Desear milagros

Generalmente escribo por impulso. Siento una especie de urgencia de decir algo. Sí dejo pasar el momento por más de 15 minutos, el impulso se esfuma y luego ya ni siquiera me acuerdo de lo que quería decir.

Por alguna razón que desconozco, esta mañana, con los trastos del desayuno sin lavar, con la lavadora trabajando y toda la casa de mi madre por limpiar, ha aparecido una idea en mi cabeza, más bien un deseo imposible que quiere volverse público. (Parece que me estoy justificando para decir lo que quiero decir)

Con todo y que cuido de mi madre, que me encargo de tener en orden mi casa y la de mi madre, en verdad a cada rato deseo que un milagro o similar me resuelva la vida. Si lo digo fuera de contexto parecería que peco de ingenuidad o que evado mis responsabilidades, que son infantil o que la realidad no me ha sacudido lo suficiente. No es así. Y de todos modos quiero que mi vida se resuelva porque me siento cansadísima.

No saben la de veces que he pensado que ya no puedo con más, que necesito un descanso. Pero sucede lo contrario, siguen pasando cosas que me estresan. 

Con mi madre es un ir perdiendo de a poco. Esta situación me recuerda al caso de la rana en la olla que se va calentando de a poco; la rana no salta, se muere en la olla. Ni que decir que me espanta ir caminando hacia la vejez. Me queda claro que necesito de alegrías y, para mí, eso es pedir milagros.


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