Lo que dice la gente: frases hechas

Las pláticas superficiales o small talk definitivamente no son lo mío, me hacen sentir fuera de lugar, falsa. Siempre ha sido así. En los lugares públicos no puedo simplemente platicar con el extraño en la fila, el comensal de la comida rápida, el de la ventanilla, el ejecutivo, el lavacoches… nadie. Las frases que intercambio son todas funcionales: ¿cuánto es?, ¿a qué hora?, gracias, buen día, ¿no tiene…?, deme un kilo…

Cuando voy sola es más fácil no hablar con nadie, pero cuando salgo a pasear a Abril, la interacción parece inevitable. Abril tiene ojo de cereza y no falta el que me dice, sin conocerme de nada, que conoce a un veterinario, que qué tiene, que la vaya a operar. La cosa es más complicada cuando voy con mi mamá: qué bueno que todavía tiene a su mamacita, cuídela mucho, cuidar a un adulto es una bendición, por qué no contrata a alguien para que la cuide, ponga una cámara porque hoy en día está muy penado golpear a un adulto mayor, se ve que es muy resistente su mamá, ¿tiene pensión?, por qué no la lleva a que le den terapia física, etc. No me conocen y se sienten con la libertad de decir cuanto se les viene en gana. Y yo sin poder irme corriendo del lugar.

Lo peor que puedo hacer es contestarle algo al desconocido, es como abrirle la puerta para que se cuele hasta la cocina. Y además, hablan por hablar.

"Cuidar a un adulto es una bendición", "Regresarle a la madre un poquito de todo lo que dió", "Dios te abre las puertas", "Es una bendición contar con su madre", "Hay cuidadores que se mueren antes que el enfermo". 

Y yo, la más falsa sonriendo cuando lo que quiero es decir algo como: "qué le importa", "déjeme en paz". 

No sé qué tanto es mío y que tanto es aprendido de mi madre. Ella no tienen ni un solo amigo que venga a sentarse con ella un rato.

Comentarios

Entradas populares