Journaling, el entregarse a sí mismo

Uno de los libros que compré el año pasado, como regalo de Navidad a mí misma fue una compilación de los cuadernos ilustrados de Orhan Pamuk, el nombre de la hermosa publicación es Recuerdos de montañas lejanas.

Tiene tiempo que he estado trabajando interiormente el tema de la Nueva Vida. Este tema llegó en una especie de convergencia destinada de la novela The New Life, del mismo Pamuk, con la novela que vengo creando desde muy adentro y desde 1991. Desde mi perspectiva, esa convergencia fue en realidad un evento sincrónico que hizo confluir distintos tiempos y lugares. De modo que cuando vi que podía hacerme de los cuadernos ilustrados, me emocioné muchísimo.

Recuerdos de montañas lejanas no es un libro que adquirí para leer sino para que ejerciera una especie de ancla para mi alma y un calmante para mi mente cargada de dudas e inseguridades. Lo tengo en la mesa de centro de la sala, juntito al cuadrito del gallo que me traje de Portugal (un viaje que aún no termino de hacer dentro de mí, porque las imágenes mentales que me traje de allá me dicen muchas cosas en su silencio).

Creo que los cuadernos de Pamuk son una representación del interés que me causa el journaling. Cuando veo una cuaderno de notas con colores, con letras en sepia, me causa un anhelo muy grande, como si quisiera vivir en ellos, como si mi vida fuera ellos. Yo estoy ahí.


El día que llegó el libro, lo abrí al azar, mis ojos se encontraron con el dibujo de un sillón. Voy a buscar la página para ponerles lo que pone Pamuk: "El sillón heredado /de mi padre /Aquí están mi /hogar y mis pensamientos". Lo que leí me pareció una confirmación del fundamento de mi propio personaje que trasciende el tiempo de una sola vida. 


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