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Hoy voy a abandonar un libro

Él lleva años en mi casa, hubiera querido decir que conmigo pero nunca nos acercamos. Debo decir que lo intenté varias veces y en distintas circunstancias, pero en definitiva no estamos hechos el uno para el otro.

Nos cruzamos en el peor momento, de esos en los que alguien te interpreta y con su mejor intención piensa que la solución a tus problemas es un libro de autoayuda. Siempre te miran como se mirarían a ellos mismos.

Lo traigo aquí conmigo, fuera de la bolsa para irme despidiendo, en símbolo de mi indiferencia. Pero es un libro. 

He crecido con muchos libros y les tengo gran respeto y cariño. Agradezco cada vez que me encuentro en ellos. A sus autores los imagino en el Cielo felices por todo lo que me han dado. ¿Es que puede haber un libro malo?

En mi mundo perfecto de ilusión ingenua, no hay libros malos. Pero ese mundo no existe. Aquí, en el mundo de todos, se publican un montón de desencuentros literarios y se dejan muchos buenos trabajos de lado. Este es el lugar más absurdo que jamás haya imaginado. La imaginación no puede pensar en absurdos, tal idea es intolerable. Las fantasías siempre tiene un orden, un por qué. 

No sé si dejar el libro en el camión o en un salón de clases. No puedo tirarlo a la basura, no puedo. 

Ya está hecho. Lo he dejado sobre una máquina de café instantáneo, creo que se llevarán bien los dos insustanciales, farsantes. Lo he dejado libre, ya tengo espacio para un libro que sí me signifique. 

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