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Del arte del "I'am done"

Hay un capítulo de Seinfield que me viene muy bien ahora. Me acordé ya tarde, el daño está hecho.

La cosa es saber cuando dejar de decir lo que se está diciendo (o dejar de hacer lo que se está haciendo) porque al reiterar sobre el punto, en lugar de mejorarlo se le empeora.

Un chiste es bueno porque corta en el punto exacto, explicarlo le corta todo el ritmo, lo agota, lo acaba, deja de ser chiste. Lo mismo una petición: si ya te la compraron a la primera, ¿para qué insistes? ¿Para qué dar la oportunidad de que se arrepientan?

No detenerse en el momento justo nos hace perder el momento.

Se dice fácil, la idiotez la comete uno una y otra vez. 

I'm done.

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¿Qué debemos hacer?

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Para los grandes filósofos, hacer la pregunta correcta es lo importante porque es lo que conduce el pensamiento y en último caso la acción. Pero saber preguntar no es sólo cosa de filósofos, es cosa de todos si es que queremos plantearnos de frente y sin evasiones lo más digno de ser cuestionado: el sentido de nuestra existencia a partir del quedarnos sin apresuramiento en la cuestión de qué somos. Desde luego, debe ser claro para quien genuinamente se pregunta por qué debe hacer, que respuestas inmediatas de qué somos: por especie, género, edad, clase social y demás clasificaciones, no proporcionan ningún esclarecimiento existencial. Ninguna respuesta dada por ninguna autoridad en tema alguno debiera ser tomada como respuesta …

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