Ir al contenido principal

El placer de comer

Comer es un placer; comer bien, un deleite; comer acompañado, una bendición.

Me gustaría decir que cada comida que hago la disfruto mucho, como lo hace mi mamá, pero no ha sido así: he comido sin hambre, he comido por cortesía, he comido porque "tengo" que comer. Afortunadamente también he comido como si los mismos ángeles hubieran cocinado y me estuvieran acompañando a comer. Muchas veces he constatado la existencia de Dios a través del paladar. Comer te puede llevar al cielo o al infierno (como todo en la vida).

Tiene bastante tiempo que inicié una lista de mis encuentros memorables con la comida, sólo para no olvidar una de las bendiciones de la vida. De la lista me quedan dos hojitas mordisqueadas... qué triste, algunas de las cosas que leo, aunque están ahí escritas y sé que lo probé, ya no me acuerdo. De lo que sí me acuerdo es de la sensación del primer bocado (de lo que sea que esté comiendo), es como sentirte en el paraíso, como si el tiempo se detuviera y no importara más nada que cerrar los ojos y disfrutar.

También es curioso que en algunos de esos momentos memorables no esperaba disfrutar tanto de algo. En un restaurante uruguayo, por ejemplo, se puede esperar buena carne pero yo me encontré con un excelente pan. Detesto el jitomate y en un hotel probé la sopa de jitomate fría más deliciosa, en otro hotel una especie de pico de gallo excepcional. La mejor mostaza no la saboreé en Dijon (donde comí un delicioso Kebab), sino en Lucerna. La mejor pizza la comí en Paris y el mejor rissotto en Zurich, ¡no fue en Italia! Las joyas que te da la vida las encuentras en los lugares que menos te esperas.

Entradas populares de este blog

Qué chulada de maíz pinto

Crecí oyendo a mi papá decir con enjundia "¡Qué chulada de maíz pinto!" cuando le veía las piernas a mi mamá y después se las estrujaba con las mega-manotas que Dios le dio.

Hasta hace poco no tenía una clara idea de lo hermoso que es el maíz azul (con el que hacen las tortillas azules que saben a gloria) hasta que de golpe lo vi en el mercado de Xochimilco, esta foto no me dejará mentir, su belleza es asombrosa.

No sólo los seres mueren

Aunque bien es de todos conocido que todo aquello dotado de vida e individualidad cuál célula autocontenida, dígase hombres, animales, plantas, organismos… mueren, y que sólo los hombres se enfrentan a su muerte con antelación como la más temida e ineludible de las profecías, pocos experimentan, como tal, la posibilidad.

No se necesita haber estado cerca de perder la vida para tener experiencia de tal posibilidad. Es más, ni siquiera este tipo de experiencias logran arrancar a todos del "pero todavía yo no" que funciona de tabla de salvación. 
Pero no sólo mueren los individuos. También mueren las relaciones, los placeres, los contextos, las ideas, los estados políticos y sociales… vaya, las situaciones sobre las que uno se experimenta como uno mismo. Somos en situación. Nos definimos por la situación en la que nos queremos encontrar, la situaciones en las que hemos estado y la situación en la que nos encontramos. Y todas ellas mueren. 
Nada permanece. Nada. 
La vida se nos…

El arte de no tener prisa

No hay nada en este mundo de hoy que nos persuada de no tener prisa, al contrario, aquí no hay tiempo para nada, todo ya va tarde y lo más importante: estamos a un paso de la muerte.

Vivimos en un estado de aceleramiento que ha probado no llevarnos a ningún lado. Todas las decisiones apresuradas no hacen sino robarnos el tiempo bajo la aparente eficacia de quién ya siempre está puesto en marcha sin una evaluación detenida de dónde está y que es lo que realmente quiere. 
Las decisiones apresuradas no sólo nos quitan el presente, también nos roban el futuro al llevarnos a situaciones caóticas que sólo lucieron razonables en los dos minutos que les dedicamos a pensarlas. Decidimos con base en nuestras angustias, pero peor todavía, decidimos basándonos en lo que debiéramos hacer para mantener en desarrollo el estado en el que nos vemos más deseables, más exitosos. Dicho de otra manera, decidimos con base en las apariencias y no de acuerdo a nuestras circunstancias. Decidimos como si tuvi…