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Mejor no lo lean

El fin de semana me la pasé en un curso con El Ponchilingas en el auditorio del hospital Siglo XXI. Este curso es parte de una serie de diez cursos de Semiología que son altamente recomendables.


Me queda muy claro que cuando alguien cae en esos cursos es porque la persona está preparada para ello, es como un llamado, es el deseo de una conciencia despierta. Para seguir los cursos se necesita de compromiso y trabajo personal. Los beneficios van en función del grado de preparación.

El Ponchilingas tiene una manera muy particular de hablar que ayuda a que los asistentes permanezcan atentos sábado y domingo desde las 10 am a las 9 pm. En el primer curso esa forma de hablar me rompió los esquemas porque mi madrecita santa ponía unas caras y a veces hasta gritaba entre sollozos "no hables así" cuando mi padrecito se explayaba diciendo todas las groserías que se sabía en un ataque de ira. Como se imaginarán, tanto por mi padre como por mi madre, decir groserías o escucharlas era para mí algo muy difícil de aceptar, esa restricción tan grande era tan sólo un rasgo de la rigidez que abracé casi toda mi vida. Bendito el cielo ya me liberé y me vale madres si alguien dice groserías o no, lo que importa en todo caso es la intensión del que las dice y si uno acusa de recibido o no.

Muy bien, toda esta explicación era para justificar mi deseo de decir que ya me tiene hasta la madre la pinche gente inconsistente, variable, voluble. Que en verdad por más que me concentro no entiendo a la bola de cabrones que hoy te hablan y mañana no; que hoy te dicen que te quieren, mañana no y pasado siempre sí; que te dicen que te van a escribir y no escriben; que te dicen "a ver cuando nos vemos" si la más puta intensión de ver ni madres. Con una chingada, si su palabra no vale nada para ustedes ¿cómo piensan que valga para los demás y que encima confíen en ustedes? ¡Hablen, comuníquense, digan no a los sistemas cerrados!

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