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¿Quién puede estar triste en Estocolmo?

Es verano en  Estocolmo, el sol se refleja en los edificios de la ciudad para iluminarte la cara, ¿cómo puedes no sonreír?

Y aún si hoy se cubre el cielo de nubes llorosas, tan cargadas como tus ojos, que junto contigo se desahogan hasta penetrar en tus zapatos y tocar tus dedos, ¿cómo puedes no voltear al cielo y sonreír? La lluvia y tus lágrimas ahora son una.

Las nubes te cubren en su intento por abrazarte, los árboles te miran a donde quiera que vas, el mar no se va.

Aquí hay mujeres que te muestran que puedes entrar al mar aunque el sol no caliente. Y la gente te enseña que puedes ir despacio, que te esperan. Aprendes que vivir bien es poder tener flores en tu puerta, en tu ventana y en tu mesa; que vivir simple es un lujo y que hay espacio para todos, inclusive para ti.

¿Quién puede estar triste al lado de una hoguera, en medio del campo con conejos brincando, al lado de un lago o entre callejones empedrados por donde puedes ir en paz?

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