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El Grand Hôtel Stockholm

A las orillas del Mar Báltico (Östersjön); de frente a Skeppsholmen, Djurgården y Gamla Stan se levanta desde 1874 el Grand Hôtel.

Afortunada que soy me han invitado a pasar la tarde en el bar. Fui desde ahí testigo de la vista espectacular que ofrece el atardecer, cuando los edificios de las islas vecinas reflejan la luz y los colores de sus muros se realzan, si es posible, todavía más. 

Desde que entro al bar, de sobrio color lavanda, se percibe tranquilidad inclusive en los meseros que con toda compostura te sirven a la vista el vino por copeo y saben del sabor que puedes encontrar en la carta. Me he decidido por un Pink Floyd Rosé (el nombre me ganado, qué le vamos a hacer).

Con una copa Riedel conteniendo mi dulce vino rosado, la estancia transcurre pausada. Los pensamientos van y vienen intercalándose con la plática trata desde lo que fue hasta las apuestas de lo que será. 

Mientras abandono mis sensaciones al placer del vino francés, me prometo volver. ¿Cuándo? ¿Cómo? No sé, ya lo dirá la vida. Me lo he apostado todo a ganar. 


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