Ir al contenido principal

Hace calor

Según un ejecutivo de banco, parece que llegué en la semana ideal (la primera impresión es importante, me dijo). A ver, voy a checar esto de la temperatura, el termómetro marca 12 grados centígrados y la verdad es que se siente como 20, a menos que se ponga uno donde sopla el viento pues ahí si se le congela a uno la sonrisa, como en Kista.

Ya he hecho varias compritas de super, cada día hay que ir para abastecerse. Comprar todo de un jalón como que no es recomendable, primero por la fecha de caducidad de la comida y luego por que cobran las bolsas y pues también hay que cargarlas. Ya conozco dos tiendas: ICA y Coop, creo que me gustó más Coop. Lo que todavía no encuentro es jocoque y eso que hay una comunidad importante de árabes, según me dijo un pajarito.

Que hablando de pajaritos, hay muchas gaviotas volando por la calle, unas tienen la cara negra y todo lo demás blanco, temerarias bajan cuando no vienen autos para casi rozar el piso. Se oyen hacer ese ruido que antes sólo relacionaba con la playas de bikini. El sol pega en la cara, el viento sopla, la piel se seca y mis perros andan conmigo.

Justo ayer me fui caminando a Gamla Stan, que es el barrio viejo (hermosísimo), con mi Meg. Nos sentamos un rato al borde de la isla viendo el mar y luego fuimos por un helado que se me derretía entre las manos pues mi lengua no fue lo suficientemente veloz. Y como ya estaba muy cansada (anoto que por la mañana corrí con Mac) pues nos trepamos al metro para caminar menos. Luego del trauma de la escalera eléctrica, que me recordó cuando de nenita me daba el pavor que me lanzaran las escaleras al llegar a la base, llegamos triunfantes. Tan pronto entramos al depto. Meg corrió a tomar agua y yo a prepararme la comida.

Caímos como quien hubiera realizado una gran faena y luego de unas horas consideré necesario aspirar nuevamente el piso que Mac se encarga de tapizar de pelos.

Creo que ya me estoy dando chance de ser feliz. Se va sintiendo el calor.

Entradas populares de este blog

¿Qué debemos hacer?

"¿Qué debemos hacer?" Así empieza Cuadernos negros (1931-1938) de Heidegger seguido de otras preguntas que acentúan el carácter de esta primer pregunta: ¿Quiénes somos? ¿Por qué debemos ser? ¿Qué es lo ente? ¿Por qué sucede el ser? Esto es filosofar.

Para los grandes filósofos, hacer la pregunta correcta es lo importante porque es lo que conduce el pensamiento y en último caso la acción. Pero saber preguntar no es sólo cosa de filósofos, es cosa de todos si es que queremos plantearnos de frente y sin evasiones lo más digno de ser cuestionado: el sentido de nuestra existencia a partir del quedarnos sin apresuramiento en la cuestión de qué somos. Desde luego, debe ser claro para quien genuinamente se pregunta por qué debe hacer, que respuestas inmediatas de qué somos: por especie, género, edad, clase social y demás clasificaciones, no proporcionan ningún esclarecimiento existencial. Ninguna respuesta dada por ninguna autoridad en tema alguno debiera ser tomada como respuesta …

Qué chulada de maíz pinto

Crecí oyendo a mi papá decir con enjundia "¡Qué chulada de maíz pinto!" cuando le veía las piernas a mi mamá y después se las estrujaba con las mega-manotas que Dios le dio.

Hasta hace poco no tenía una clara idea de lo hermoso que es el maíz azul (con el que hacen las tortillas azules que saben a gloria) hasta que de golpe lo vi en el mercado de Xochimilco, esta foto no me dejará mentir, su belleza es asombrosa.

Cuando pase el temblor

Tengo “miedo” de que pase el temblor.

He tenido la oportunidad de haber experimentado dos grandes desastres en la Ciudad de México: 1985 y 2017. Con ellos, sus “antes”, sus “durante” y sus “después”. Del “después” del 2017 aún me falta por saber, pero si es un “después” como el de 1985 no quiero que pase el temblor. 
La soberbia y la indiferencia se cultivan en el “antes”. El hombre que se siente dueño de su destino se vive completamente, paradójicamente, a merced de tal destino. El hombre en el “antes” cree que no hay nada que temer y que no hay nada que no pueda conocer; pero este hombre no conoce la humildad. En la ilusión que le hace creer que es dueño de sí, se olvida de sí mismo en sus ocupaciones, en su ajetreada cotidianidad: no hay tiempo para nada más que el repetir una y otra vez su acostumbrado hacer. 
Así que estaba yo observando una mañana de domingo de 1985 mi vecindad y era como si todos estuvieran des-almados. Entonces pensé qué se necesitaría para traerlos a todos d…