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Reconstruyendo el mundo

El mundo se compone de ideas, creencias y aseveraciones. Unas funcionan como postulados que guían la búsqueda sin que nos apeguemos a ellas, otras son el estandarte con el que nos levantamos y nos ponemos frente al otro aún cuando no tengamos forma de probarlas, también están las que podemos probar dentro de un sistema acordado. Pero en realidad no hay nada certero por siempre y desde siempre. Todo el mundo es un entramado de significaciones construidas a partir del cual nos jugamos la vida. 

Si toda mi percepción está guiada desde un entramado construido (no fijo ni eterno ni esencial ni fundamental), ¿por qué no construirse un mundo más amable?

Una vez construido un mundo de significaciones con el cual puedo fluir, ¿por qué quiero convencer? ¿Por qué la necesidad (o necedad) de buscar adeptos? ¿Es cuestión siempre de necesitar el acuerdo, la validación, la participación? ¿Se puede tener un mundo propio o eso es sólo cosa de locos?

Creo que algunos han optado por el doble mundo, el de la convivencia y el personal, el políticamente correcto y el que debe permanecer en secreto. Quizá esos mundos secretos sean puertas hacia órdenes más inclusivos, menos bélicos… Quizá secretamente todos creamos que es posible otra forma de convivir y nos la estamos perdiendo por no compartirla, quizá lo que hoy es locura mañana sea lo más sensato. 

Ahora veo que no es cuestión de convencer sino de compartir y quizá lo que nos falte sea aprender a recibir lo extraño. 

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