Ir al contenido principal

La diferencia en el modo de hacer

Si la cosa no es hacer por hacer, sino estar vivo mientras se hace porque a muchos les da por hacer en automático cual robotitos sin alma. Hacer gelatinas por mucho tiempo puede llevarte a la mentada "zona de confort", o automatitis, o bien puede llevarte a desarrollarte, es decir, a alimentar tu existencia. ¿Cómo?

El primer día que aprendiste a hacer gelatina, estabas ahí con toda tu atención. Luego, las siguientes ocasiones que preparaste la gelatina, empezabas a ganar experiencia, confianza. Sí te gustó la experiencia, las siguientes ocasiones quizá experimentaste en hacerlo diferente. Todas estas formas de hacer te desarrollan y nunca te llevan a la mentada "zona de confort", pues estás enriqueciendo tu existencia (aunque los demás vean que sólo haces gelatinas).

Pero supongamos que de tanto hacer gelatinas, le pierdes el gusto y ya las haces con los ojos cerrados. Cuando llegas a ese estado, en lugar de crecer, involucionas, te atrofias. Si alguien te dice de lo extraordinario que es hacer gelatinas quizá pienses: "pobre tipo", "¿qué tiene de grandioso hacer gelatinas?", "las gelatinas X" y cosas así que reflejan tu gran ignorancia y rigidez. Aquí es donde se prende el foco rojo y tienes que aceptar que lo de las gelatinas no es lo tuyo en este momento y cambiar a otra cosa, encontrar la forma de volver a vivir mientras haces gelatinas.

Entradas populares de este blog

¿Qué debemos hacer?

"¿Qué debemos hacer?" Así empieza Cuadernos negros (1931-1938) de Heidegger seguido de otras preguntas que acentúan el carácter de esta primer pregunta: ¿Quiénes somos? ¿Por qué debemos ser? ¿Qué es lo ente? ¿Por qué sucede el ser? Esto es filosofar.

Para los grandes filósofos, hacer la pregunta correcta es lo importante porque es lo que conduce el pensamiento y en último caso la acción. Pero saber preguntar no es sólo cosa de filósofos, es cosa de todos si es que queremos plantearnos de frente y sin evasiones lo más digno de ser cuestionado: el sentido de nuestra existencia a partir del quedarnos sin apresuramiento en la cuestión de qué somos. Desde luego, debe ser claro para quien genuinamente se pregunta por qué debe hacer, que respuestas inmediatas de qué somos: por especie, género, edad, clase social y demás clasificaciones, no proporcionan ningún esclarecimiento existencial. Ninguna respuesta dada por ninguna autoridad en tema alguno debiera ser tomada como respuesta …

Qué chulada de maíz pinto

Crecí oyendo a mi papá decir con enjundia "¡Qué chulada de maíz pinto!" cuando le veía las piernas a mi mamá y después se las estrujaba con las mega-manotas que Dios le dio.

Hasta hace poco no tenía una clara idea de lo hermoso que es el maíz azul (con el que hacen las tortillas azules que saben a gloria) hasta que de golpe lo vi en el mercado de Xochimilco, esta foto no me dejará mentir, su belleza es asombrosa.

Cuando pase el temblor

Tengo “miedo” de que pase el temblor.

He tenido la oportunidad de haber experimentado dos grandes desastres en la Ciudad de México: 1985 y 2017. Con ellos, sus “antes”, sus “durante” y sus “después”. Del “después” del 2017 aún me falta por saber, pero si es un “después” como el de 1985 no quiero que pase el temblor. 
La soberbia y la indiferencia se cultivan en el “antes”. El hombre que se siente dueño de su destino se vive completamente, paradójicamente, a merced de tal destino. El hombre en el “antes” cree que no hay nada que temer y que no hay nada que no pueda conocer; pero este hombre no conoce la humildad. En la ilusión que le hace creer que es dueño de sí, se olvida de sí mismo en sus ocupaciones, en su ajetreada cotidianidad: no hay tiempo para nada más que el repetir una y otra vez su acostumbrado hacer. 
Así que estaba yo observando una mañana de domingo de 1985 mi vecindad y era como si todos estuvieran des-almados. Entonces pensé qué se necesitaría para traerlos a todos d…