Maíz criollo (pte 1)

Desde hace mucho tiempo tenía la inquietud de mirar el maíz criollo, de asegurarme de alguna manera que todavía existe. Bueno, pues lo encontré y no muy lejos: en Tlahuac.

Afortunadamente por esos lugares aún hay gente que cultiva la tierra sólo por placer y que ha decidido que no importa que otras semillas de maíz crezcan más rápido o que se las regalen, prefieren seguir cultivando sus propias semillas.

Una vez que encontré el contacto, me decidí a aprender a cultivar el maíz. Así que cita hecha me desperté a las 4:30 am para llegar a las tierras antes de que saliera el sol. El punto de hacerlo tan temprano es que uno aguanta más sin el sol cayendo de lleno y que hay que sembrar todo el terreno de un jalón.

Primero hay que limpiar el terreno, remover la tierra. Luego hacer los surcos (benditos tractores), hice algunos cuantos surcos con la lengua de fuera y concentrada como si estuviera en clase de dibujo técnico. Luego se cuelga uno en la cintura una cubeta cargada de semillas, se procura una coa para ir haciendo los hoyos donde se echan de 3 a 4 semillas. Los hoyos se hacen en medio de los surcos, de ida con una mano y de regreso con la otra. Se clava la coa de forma transversal y se gira, se tiran las semillas y se saca la coa para que la tierra caiga sobre las semillas. Después de una hora ya lograba que las semillas entraran en el hoyo.

La siembra es una actividad altamente relajante, se empieza a generar una especie de ritmo entre el caminar, hacer el hoyo y aventar las semillas. Luego de un rato uno se calma y no piensa en el futuro, lo más lejano es el próximo paso.

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