Ir al contenido principal

Metro/Subway/Tube/Tunnelbana

Después de una fin de semana extremadamente soleado (tan soleado que era obligado el outfit "adiós pudor") se dejó caer el lunes con todo el peso del frío y así le siguieron martes y miércoles. Este último se lució con lluvia pero nos ahorró el viento calador que se inmiscuye sin censura por entre los tejidos de tu suéter.

Tan pronto como publiqué mi comentario sobre las pocas demostraciones afectuosas entre las parejas, ante mis ojos desfilaron varias haciendo gala de caricias indiscretas para informarme que una mirada no basta para emitir un juicio. ¿Cuántas hacen falta? no lo sé.

Así que hoy, con todo y la lluvia me lancé a la calle con paraguas y sin libro. ¡No puede ser! me dije ya muy andado el camino. No libro, no iPod ¿qué puedo hacer? Bueno pues escuchar las estaciones imaginando a mi abuelito diciéndolas y yo memorizándolas como cuando de chiquita me sacaba a pasear y tomábamos la línea de Taxqueña al Toreo (no era Tasqueña a Cuatro Caminos, que conste). Me daba risa aprenderme el tonito de la voz grabada, así sonaré cuando diga la estación del metro que queda cerca de mi hogar: Medborgarplatsen.

Por acá por Estocolmo el metro aparece anunciado con una "T" de color azul, los letreros no son llamativos ni hay alguna señal en las esquinas que indique que hay alguna estación próxima. No tiene muchas líneas, sólo 7 pero hay muchas estaciones (100) y se puede caminar fácilmente de una estación a otra. En la Ciudad de México por ejemplo tenemos 11 líneas con 147 estaciones que cubren 100 km más de los que cubre el de Estocolmo. Acá se puede usar el transporte público para ir a cualquier lado de la ciudad, allá de donde vengo no y es ahí donde surge la pesadilla de los peseros que bendito sea, aquí no hay.

"Hay cosas que son cosas y otras que ni qué", ya sé. Pero, mucho se puede hacer sin gran inversión, sólo basta conciencia. Por ejemplo, acá el conductor del metro sale a verificar que no hay nadie obstruyendo las puertas antes de cerrarlas (nadie es machucado por las puertas) y la gente entiende que no hay motivo para empujar a nadie (todos suben y permiten que suban). Cuando va muy lleno nadie manosea a nadie y cuando llegan a tocarte piden disculpas, además a la bajada se esperan a que bajen todos y no es necesario apretujarse en la puerta antes de llegar a la estación. ¿Se podrá cambiar en México estas sencillísimas cosas?

Me imagino que ya sería mucho pedir a la Ciudad de Mexico sobre este tema cosas como que la gente en silla de ruedas pueda acceder fácilmente, que se pueda viajar con tu perro (aunque no seas invidente), que las mamás puedan entrar con todo y carriola sabiendo que el resto de los pasajeros se harán a un lado, que nadie dirigirá palabras insultantes a otra persona y aunque se esté borracho hasta los huesos jamás osarán invadir tu espacio vital.

Entradas populares de este blog

¿Qué debemos hacer?

"¿Qué debemos hacer?" Así empieza Cuadernos negros (1931-1938) de Heidegger seguido de otras preguntas que acentúan el carácter de esta primer pregunta: ¿Quiénes somos? ¿Por qué debemos ser? ¿Qué es lo ente? ¿Por qué sucede el ser? Esto es filosofar.

Para los grandes filósofos, hacer la pregunta correcta es lo importante porque es lo que conduce el pensamiento y en último caso la acción. Pero saber preguntar no es sólo cosa de filósofos, es cosa de todos si es que queremos plantearnos de frente y sin evasiones lo más digno de ser cuestionado: el sentido de nuestra existencia a partir del quedarnos sin apresuramiento en la cuestión de qué somos. Desde luego, debe ser claro para quien genuinamente se pregunta por qué debe hacer, que respuestas inmediatas de qué somos: por especie, género, edad, clase social y demás clasificaciones, no proporcionan ningún esclarecimiento existencial. Ninguna respuesta dada por ninguna autoridad en tema alguno debiera ser tomada como respuesta …

Qué chulada de maíz pinto

Crecí oyendo a mi papá decir con enjundia "¡Qué chulada de maíz pinto!" cuando le veía las piernas a mi mamá y después se las estrujaba con las mega-manotas que Dios le dio.

Hasta hace poco no tenía una clara idea de lo hermoso que es el maíz azul (con el que hacen las tortillas azules que saben a gloria) hasta que de golpe lo vi en el mercado de Xochimilco, esta foto no me dejará mentir, su belleza es asombrosa.

Cuando pase el temblor

Tengo “miedo” de que pase el temblor.

He tenido la oportunidad de haber experimentado dos grandes desastres en la Ciudad de México: 1985 y 2017. Con ellos, sus “antes”, sus “durante” y sus “después”. Del “después” del 2017 aún me falta por saber, pero si es un “después” como el de 1985 no quiero que pase el temblor. 
La soberbia y la indiferencia se cultivan en el “antes”. El hombre que se siente dueño de su destino se vive completamente, paradójicamente, a merced de tal destino. El hombre en el “antes” cree que no hay nada que temer y que no hay nada que no pueda conocer; pero este hombre no conoce la humildad. En la ilusión que le hace creer que es dueño de sí, se olvida de sí mismo en sus ocupaciones, en su ajetreada cotidianidad: no hay tiempo para nada más que el repetir una y otra vez su acostumbrado hacer. 
Así que estaba yo observando una mañana de domingo de 1985 mi vecindad y era como si todos estuvieran des-almados. Entonces pensé qué se necesitaría para traerlos a todos d…