El cuerpo, la humanidad, lo que es ser humano (Quirón)
Este es uno post que no he pensado mucho, no espere el lector claridad y orden. No creo que deba esperar más a escribir sobre esto.
He sentido desde hace algunos años, de manera intermitente, la dificultad corporal que se presenta en la Tierra (como si en algún momento hubiera vivido en otro lugar, yo sé, qué loco). Lo que he sentido es el reto de la corporalidad, el esfuerzo al que me somete la gravedad, como si de pronto el suelo me jalar con más fuerza.
Recuerdo la primera vez que lo sentí. Había llegado al Bosque de Tlalpan para correr. Sentía las piernas duras, rígidas, quiero decir; no era una cuestión de las articulaciones, era una sensación de pesadez; se trató de sentir su presencia, de percatarme del esfuerzo de estar erguida sobre la tierra. Corrí sin más, no había dolor, lo que había era extrañamiento de aquella percepción.
El dicho popular es que nadie siente lo que tiene hasta que lo ve perdido. Heidegger habla de que nos percatamos de las cosas conscientemente cuando estas se descomponen, cuando un funcionalidad se ausenta, nos percatamos de ella. Ojalá tuviera a la mano la cita, pero bueno, esa es la idea aterrizada. Así es, mientras que lo que nos mantiene en el vivir automático no se ausenta, seguimos dormidos, es decir, dándolo todo por sentado. La falta nos obliga a parar, con suerte también puede llevarnos a la reflexión.
No nos detenemos a pensar porque nos quita tiempo… como si vivir automáticamente no fuera perder el tiempo. Pero no era esto de lo que quería hablar hoy.
Volvamos al cuerpo.
Los cambios hormonales que he estado, literalmente, sufriendo, me han devuelto la mirada en mi cuerpo, en mi existencia. Me he dado cuenta de la belleza que implica, por sí misma, la juventud. ¿Quién decía eso de que la juventud es un divino tesoro? Sólo el que se da cuenta que la está perdiendo puede comprender de qué va el regalo de la juventud.
Ser un viviente sobre la Tierra demanda un gran esfuerzo. Sentimos el golpe del frío, del calor; la desesperación de la sed, la opresión cuando falta el aire. Desplazarse conlleva su esfuerzo, su gasto. Necesitamos alimentarnos. Y eso es lo menos, lo básico, lo esencial. Aunado a todo eso cada quien carga con su propio drama existencial.
No estoy segura que el inocente sea bendito en su inconsciencia.
El cuerpo de mi madre de 89 años de edad, me tiene repensando la humanidad. La vejez es para valientes (creo que esto también lo escuché en algún lado). Necesariamente, la experiencia de nuestra corporalidad nos abre el mundo de determinada manera.
Vivir, como ser humano (porque no tengo ni idea de cómo vivan los otros seres con los que compartimos la existencia), es algo en extremo complejo. Si somos espíritu en una experiencia humana, que yo creo que sí, la experiencia es extrema. Y encima de la mera dificultad de ser un viviente en un espacio que presenta sus propios retos, nos hacemos entre nosotros mismos la vida imposible. Nivel de dificultad: el infierno.
El otro día escuchando un podcast sobre reflexiones desde la astrología, con motivo del retorno de Quirón en el signo en el que fue descubierto, Tauro, se planteaba la reflexión sobre el cuerpo. Decían (Andrea Motta y Juan Carlos Gómez) que Quirón en Tauro representa el despertar corporal. La desconexión de la mente-cuerpo trastoca el placer y los valores al no reconocer su don. La humanidad, con una herida en la experiencia de la corporalidad (Quirón en Tauro), nos lleva a cada uno de los seres humanos a cargar con la impronta del dolor de haber encarnado, el dolor del cuerpo, la finitud de nuestra corporalidad y sus limitaciones que nos llevan a sumergirnos en lo apolíneo de la mentalidad aséptica y su postulación como eterna.
Hablar del cuerpo es hablar no sólo de lo que nos es grato. Reflexionar no es sólo hacer una oda a lo bello, sino también hacer a un lado la idealización estética para mirarlo en su realidad más cruda e incómoda: aberraciones, decrepitud, padecimientos…Me pregunto si es posible que construyamos una comprensión del cuerpo en la que aceptemos todos sus horrores.


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