Laberinto existencial
Estoy iniciando este post con cero inspiración. Estoy escribiendo tomado lo que ayer se me ocurrió.
Bueno, resulta que ayer estuve atrapada en el tráfico por dos horas en un trayecto que debiera tomar 15 minutos. El evento fue una especie de alegoría de mi vida. La vida no resulta como uno la planea.
Salí con mucho tiempo de anticipación porque me estaba ahogando en mis emociones. Ya llegaba a mi destino, demasiado temprano, diez minutos por la autopista de paga era lo único que me faltaba y decidí salirme para tomar la avenida regular. A lo más, pensé, me tardaría una hora. Pero no. Lo primero fue un accidente justo a la salida de la autopista, no sé cómo sucedió que un coche quedó sobre la división entre la salida y la avenida. Perdí cinco minutos, nada del otro mundo. La aplicación de navegación me decía que fuera a la siguiente entrada a la autopista de pago. ¡Claro que no!, le dije como si me pudiera escuchar. Recorrí a buen paso no más de tres kilómetros cuando pasando la salida para tomar la autopista de paga, me topé con un bloque de autos y tráilers. Me arrepentí en ese mismo momento, pero me animé igual. El ánimo no me duró mucho, ir entre tráilers es una experiencia aterradora pues no les importa un comino los autos y se abren paso a punta de lámina (una enorme masa de lámina). Los choques no se dejaron esperar, yo rogaba porque los vehículos a mi alrededor mantuvieran su distancia. Una hora después la aplicación de navegación me daba una alternativa. En mi desesperación la tomé, ya había intentando sin éxito esa ruta, sin embargo deduje que era una buena oportunidad para aprender. Puse atención al nuevo camino, pero nunca vi la calle que se suponía cruzaría la carretera, acabé rumbo a la autopista sin regreso a un destino muy lejano al que quería ir, en medio de una histeria canalizada a los músculos de las piernas y los hombros, encontré un desvío que me arrojaría a metros atrás de donde había salido, pero era una salida igualmente atascada y además un tráiler decidió que él iba a pasar primero (el fulano quedó a escasos centímetros separado de mí). Abrí otra aplicación y me decía de la calle esa que me cruzaría (la calle que no encontré antes). Decidí aventurarme. Me eché en reversa antes que otro coche me obstruyera. Esta vez terminé en sentido opuesto al que iba, arrojándome kilómetros atrás de mi destino. La calle esa es un misterio, yo creo que no existe. Así que solo logré extender mi estancia entre el embotellamiento. Bueno, algo gané, pude parar en una gasolinera para hacer chis. Quería claudicar y volverme a mi casa, pero no podía, simplemente no era opción claudicar. El descanso corporal me animó a volver a consultar la aplicación, ésta me mandaba entre las calles empinadas de una colonia pobre. Otro embotellamiento donde no debieran haber tantos autos. La aplicación me ofreció intentar otras callecillas, las tomé, no quería volver a donde los tráilers. Logré dar un rodeo sin tantos coches, iba cruzando vías ferroviarias. Se me ocurrió pasar por la comida para llevársela a mi mamá, sólo para descubrir que no me alcanzaba en dinero que traía. Mi moral se fue por los suelos. Pensé, "Mira, como mi vida”.
Mi abuelita diría: El hombre propone, Dios dispone y llega el diablo y todo lo descompone.
En el transcurso de mi vida he intentando plan A, B, C, D… He pensado varias veces en que no lo voy a lograr. En la vida uno no se puede volver, hay que seguir. He seguido mi intuición, mi instinto y guías; he dado vueltas, se ha ido consumiendo el tiempo. Y mi control es limitado: sólo evitar que la cosa no vaya a peor, cuidar mi integridad lo más posible. Quisiera está en otra situación, pero no se puede.


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