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Del ego

El ego es una función de la mente o conciencia que se considera a sí mismo como separado de la consciencia (con "s") o campo de información que subyace a todo lo que es.

Dicho esto desde el campo de la cotidianidad, el ego es esa idea que tenemos de nosotros (identidad) que para poder considerarse una subjetividad (alguien que observa, tiene opiniones y juicios, actúa) se aparta de todo y de todos, inclusive de nosotros mismos. 

¿Cómo es esto que nuestro ego nos aparta de nosotros mismos? Empecemos por poner en claro que el ego no somos nosotros, ya dijimos que es sólo una función. Nosotros en realidad somos seres dinámicos, es decir, estamos siendo y por tanto no somos algo fijo; constantemente estamos teniendo experiencias pero no nos percatamos de ellas, de lo que en realidad estamos viviendo porque nos encontramos secuestrados por los pensamientos arrojados desde el ego y con esos pensamientos se enturbian las experiencias y las calificamos de buenas o malas con base justamente en la idea que tenemos de nosotros mismos y en la necesidad del ego de mantenerla. 

Pero el ego no sabe que es una función al servicio de lo que lo sostiene. El ego cree que lo es todo. El ego se siente al mando de toda situación, cree que lo controla todo, pues para él todo es ejecutar y seguir lo aprendido; hasta cree que la voluntad él y que los pensamientos son todos realidad. El ego se sobrepone a la razón, a la intuición, a la emoción, y los distorsiona. 

Parece que el ego es algo muy fuerte e implacable (eso lo dice él). Pero carece de lógica, no escucha, malinterpreta y reconduce toda experiencia a más de lo mismo. El ego no tiene respuestas a situaciones nuevas. Si bien su función es mantenernos a salvo de los demás, él nos enferma. El ego es incapaz de crear, sólo reproduce. 

El ego se siente solo porque se cree único. 

El ego es intolerante, aleja a todo lo que le es ajeno o no puede manipular. 

El ego sin experiencias nuevas de devora a sí mismo. 

El ego es la entropía de la mente. 

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