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Autoterapia o pensando en voz alta

Parece ser que sólo hasta que mi estado emocional ha recuperado cierta calma, es que puedo darme cuenta de cómo mis reacciones actuales reflejan las heridas (o los aprendizajes) y las heridas sobre las heridas (o los reforzamientos del aprendizaje).

Se te cae el helado al punto que le vas a dar el primer lengüetazo. Al siguiente helado tomas cierta precaución, es inevitable (por eso aprendemos), y si se vuelve a repetir la experiencia, tus decisiones respecto a si vuelves a intentarlo o cómo lo intentas reflejaran sin lugar a duda tu experiencia. Si sabes sobreponerte a la frustración, lo volverás a intentar; si reflexionas sobre los hechos, modificarás tus acciones para ensayar una nueva aproximación; si tu deseo es superior a tus malas experiencias, es posible que experimentes dolor ya sea que lo vuelvas a intentar o no porque todo cuanto deseas profundamente marca mucho más tu personalidad y esos deseos son tratados en calidad de místicos pues no los puedes explicar, simplemente dices que forman parte de ti "desde siempre". 

Me parece que el siguiente paso útil después de que te das cuenta que reaccionas no a lo que te pasa ahora sino a lo que te pasó, es verbalizarlo. Toda verbalización pasa por el proceso de reflexión, que es un proceso de separación entre tú y lo que verbalizas. Verbalizar te permite observar, reformular y asimilar un nuevo veredicto que se verá reflejado en tus próximas reacciones a eventos similares. 

Todo suena muy bien. Lo difícil es llevarlo a cabo aún con las emociones. Las emociones debes sentirlas, nunca reprimirlas. Entonces con todo y la frustración, el miedo y demás te abres a una experiencia que te permita volver experimentar aspectos de aquello que te marcó y que hoy no te permite seguir aprendiendo porque lo único que vez fue lo que te pasó. Se necesita valor. 

Un dedo machucado varias veces no lo expones al marco de una puerta, lo encoges. Sabes que no puedes andar por la vida abriendo puertas con los antebrazos o con los pies, necesitas arreglártelas para usar tus manos son encoger los dedos y no machucarte. Para lograrlo necesitas repasar lo que te pasó antes y figurarte racionalmente cómo hacerlo. 

La cosa se complica mucho más con las relaciones porque no depende todo de ti. El otro agrega incertidumbre, no todos los otros "funcionan" igual, cada uno va con sus propias heridas. Pero por tu propio bien, por amor a ti y porque quieres vivir en plenitud (sin encoger los dedos): te abrazas, te apoyas, te escuchas, te aconsejas y con los ojos bien abiertos (en conciencia) te dispones a aprender el "cómo sí lograrlo" en la siguiente oportunidad. 

Y si ves que no hay siguiente oportunidad, quizás debas considerar que aún no estás "en forma" para verla o ir por ella. 

Cada quien tiene sus tiempos, pero no todos tienen el suficiente tiempo. 

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