Ir al contenido principal

Volviendo del otro lado de la luna

‎"Hey you, out there in the cold
Getting lonely, getting old

Can you feel me?

Hey you, standing in the aisles

With itchy feet and fading smiles

Can you feel me?

Hey you, don't help them to bury the light

Don't give in without a fight."

Roger Waters


De entre una lista de 5909 canciones surge en la voz de David Gilmore una pregunta que me trae de vuelta, Can you feel me?

Sentimientos, de eso sí entiendo, así me hablo, así escucho, así me alimento. Yo siento. Lo que leo, lo que escucho, lo que veo,... lo siento. Suave abre la puerta el sonido de la guitarra, despacio va llamándome la voz con toda su coloratura (azul), salgo atraída por una indescriptible fuerza (lo inefable), Don't give in without a fight, las percusiones me toman del corazón. Ya no me puedo desprender. Ya no quiero.

El llamado está ahí, siempre ha estado, nunca se ha ido, ¿por qué lo dejo de escuchar? La vida común, allá afuera, en la matrix, está diseñada para olvidar y adormecer. Crees que avanzas y no vas a ningún lado. ¿En qué crees que pensarás en el momento de tu muerte? ¿Qué es lo que de verdad importa?, don't help them to bury the light.

Me tomo la cabeza entre las manos. Me reconozco, me reencuentro. Voltea, descubre este texto...

Open your heart, I'm coming home.

Entradas populares de este blog

¿Qué debemos hacer?

"¿Qué debemos hacer?" Así empieza Cuadernos negros (1931-1938) de Heidegger seguido de otras preguntas que acentúan el carácter de esta primer pregunta: ¿Quiénes somos? ¿Por qué debemos ser? ¿Qué es lo ente? ¿Por qué sucede el ser? Esto es filosofar.

Para los grandes filósofos, hacer la pregunta correcta es lo importante porque es lo que conduce el pensamiento y en último caso la acción. Pero saber preguntar no es sólo cosa de filósofos, es cosa de todos si es que queremos plantearnos de frente y sin evasiones lo más digno de ser cuestionado: el sentido de nuestra existencia a partir del quedarnos sin apresuramiento en la cuestión de qué somos. Desde luego, debe ser claro para quien genuinamente se pregunta por qué debe hacer, que respuestas inmediatas de qué somos: por especie, género, edad, clase social y demás clasificaciones, no proporcionan ningún esclarecimiento existencial. Ninguna respuesta dada por ninguna autoridad en tema alguno debiera ser tomada como respuesta …

Qué chulada de maíz pinto

Crecí oyendo a mi papá decir con enjundia "¡Qué chulada de maíz pinto!" cuando le veía las piernas a mi mamá y después se las estrujaba con las mega-manotas que Dios le dio.

Hasta hace poco no tenía una clara idea de lo hermoso que es el maíz azul (con el que hacen las tortillas azules que saben a gloria) hasta que de golpe lo vi en el mercado de Xochimilco, esta foto no me dejará mentir, su belleza es asombrosa.

No sólo los seres mueren

Aunque bien es de todos conocido que todo aquello dotado de vida e individualidad cuál célula autocontenida, dígase hombres, animales, plantas, organismos… mueren, y que sólo los hombres se enfrentan a su muerte con antelación como la más temida e ineludible de las profecías, pocos experimentan, como tal, la posibilidad.

No se necesita haber estado cerca de perder la vida para tener experiencia de tal posibilidad. Es más, ni siquiera este tipo de experiencias logran arrancar a todos del "pero todavía yo no" que funciona de tabla de salvación. 
Pero no sólo mueren los individuos. También mueren las relaciones, los placeres, los contextos, las ideas, los estados políticos y sociales… vaya, las situaciones sobre las que uno se experimenta como uno mismo. Somos en situación. Nos definimos por la situación en la que nos queremos encontrar, la situaciones en las que hemos estado y la situación en la que nos encontramos. Y todas ellas mueren. 
Nada permanece. Nada. 
La vida se nos…