Ir al contenido principal

"Seamos realistas, intentemos lo imposible"

Se me ocurre... qué tal que antes de venir a vivir uno deja huellas para encontrar hacia dónde ir en caso de estar perdido.

Las huellas, pistas, a manera de migas de pan, sólo las ve claramente quien las dejó y son de lo más evidente para él porque traen la particularidad de hacerse notar ante su creador. Estas huellas, desde luego, no son igual para todos y lo que es más, si cuando uno descubre su propia pista y lo cuenta, suena de lo más ridículo.

Se me ocurre que es así porque me he puesto varias pistas (juro). Seguramente prevení que estaría bastante perdida o, viéndolo más lindo, estaba segura que el camino elegido era tan particularmente retador que bien convendría una que otra luz de neón.

Aquí está la prueba de una de tantas. Iba caminando en busca de dónde comer, cuando al cruzar el umbral de la Facultad de Filosofía y Letras algo se registró en mi cerebro sin que hubiera puesto la atención debida, había leído una frase (no sabía dónde, sólo estaba en mi cerebro palpitando gustosa), me paré en seco y retrocedí en busca de semejante frase y ahí estaba, en la contraportada de una revista, el Ché gritándome: "Seamos realistas, intentemos lo imposible".

Está bien, me dije, creo que lo que deseo es tan imposible que bien vale la pena intentarlo, es lo más sensato.

Entradas populares de este blog

¿Qué debemos hacer?

"¿Qué debemos hacer?" Así empieza Cuadernos negros (1931-1938) de Heidegger seguido de otras preguntas que acentúan el carácter de esta primer pregunta: ¿Quiénes somos? ¿Por qué debemos ser? ¿Qué es lo ente? ¿Por qué sucede el ser? Esto es filosofar.

Para los grandes filósofos, hacer la pregunta correcta es lo importante porque es lo que conduce el pensamiento y en último caso la acción. Pero saber preguntar no es sólo cosa de filósofos, es cosa de todos si es que queremos plantearnos de frente y sin evasiones lo más digno de ser cuestionado: el sentido de nuestra existencia a partir del quedarnos sin apresuramiento en la cuestión de qué somos. Desde luego, debe ser claro para quien genuinamente se pregunta por qué debe hacer, que respuestas inmediatas de qué somos: por especie, género, edad, clase social y demás clasificaciones, no proporcionan ningún esclarecimiento existencial. Ninguna respuesta dada por ninguna autoridad en tema alguno debiera ser tomada como respuesta …

Qué chulada de maíz pinto

Crecí oyendo a mi papá decir con enjundia "¡Qué chulada de maíz pinto!" cuando le veía las piernas a mi mamá y después se las estrujaba con las mega-manotas que Dios le dio.

Hasta hace poco no tenía una clara idea de lo hermoso que es el maíz azul (con el que hacen las tortillas azules que saben a gloria) hasta que de golpe lo vi en el mercado de Xochimilco, esta foto no me dejará mentir, su belleza es asombrosa.

Cuando pase el temblor

Tengo “miedo” de que pase el temblor.

He tenido la oportunidad de haber experimentado dos grandes desastres en la Ciudad de México: 1985 y 2017. Con ellos, sus “antes”, sus “durante” y sus “después”. Del “después” del 2017 aún me falta por saber, pero si es un “después” como el de 1985 no quiero que pase el temblor. 
La soberbia y la indiferencia se cultivan en el “antes”. El hombre que se siente dueño de su destino se vive completamente, paradójicamente, a merced de tal destino. El hombre en el “antes” cree que no hay nada que temer y que no hay nada que no pueda conocer; pero este hombre no conoce la humildad. En la ilusión que le hace creer que es dueño de sí, se olvida de sí mismo en sus ocupaciones, en su ajetreada cotidianidad: no hay tiempo para nada más que el repetir una y otra vez su acostumbrado hacer. 
Así que estaba yo observando una mañana de domingo de 1985 mi vecindad y era como si todos estuvieran des-almados. Entonces pensé qué se necesitaría para traerlos a todos d…