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Desde México

A ver cómo se vuela desde México... No es que no lo haya intentado antes pero mis condiciones son bastante diferentes.

La Ciudad de México es enorme, realmente enorme. Es tan grande que uno puede sentirse perdido, hay tanto que se puede creer que no se tiene nada. México es tan caótico que no hay mas alternativa que crearse uno su propio micro-sitio y tratar de olvidar (por salud mental y emocional) al menos por algunas horas que se es parte de una masa que parece que va sin rumbo.

México es un país pobre para la mayoría. Para los privilegiados es un país de riqueza. Todo depende de en qué lado te encuentres. No es lo mismo abrir los ojos en una zona rural de Xochimilco o Milpa Alta, que en una zona tapizada de cemento de Iztapalapa o Iztacalco. Tampoco es lo mismo pasear por la calle 20 de Noviembre que por la de Masaryk. Pero qué le vamos a hacer, aquí nos tocó vivir. Sé que suena deprimente (o a lo mejor a los positivos les suene retador) decir "aquí nos tocó" como quien es tirado en un lugar de constante lucha, ya ni para decir: "quién jijos me trajo aquí".

¡Ah! para los patrióticos como mi amiga La Güera, no se vayan a ofender... pero no se engañen con eso de que como México no hay dos (no hay, pero eso no significa que sea "guau"... tampoco hay dos Macs ni dos Megs ni dos Estocolmos).

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¿Qué debemos hacer?

"¿Qué debemos hacer?" Así empieza Cuadernos negros (1931-1938) de Heidegger seguido de otras preguntas que acentúan el carácter de esta primer pregunta: ¿Quiénes somos? ¿Por qué debemos ser? ¿Qué es lo ente? ¿Por qué sucede el ser? Esto es filosofar.

Para los grandes filósofos, hacer la pregunta correcta es lo importante porque es lo que conduce el pensamiento y en último caso la acción. Pero saber preguntar no es sólo cosa de filósofos, es cosa de todos si es que queremos plantearnos de frente y sin evasiones lo más digno de ser cuestionado: el sentido de nuestra existencia a partir del quedarnos sin apresuramiento en la cuestión de qué somos. Desde luego, debe ser claro para quien genuinamente se pregunta por qué debe hacer, que respuestas inmediatas de qué somos: por especie, género, edad, clase social y demás clasificaciones, no proporcionan ningún esclarecimiento existencial. Ninguna respuesta dada por ninguna autoridad en tema alguno debiera ser tomada como respuesta …

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Crecí oyendo a mi papá decir con enjundia "¡Qué chulada de maíz pinto!" cuando le veía las piernas a mi mamá y después se las estrujaba con las mega-manotas que Dios le dio.

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