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Terminaron la escuela

Estaba yo en el lugar de siempre (la cocina-comedor-estudio) cuando unos gritos y música a todo volumen me despegaron de la silla y a Mac del tapete para que saliéramos al balcón a ver de qué se trataba.

Pues eran unos acarreados (ja, ja), al menos eso me pareció a primera vista pues venían en un camión de redilas, luego supuse que eran marineros pues todos traían un corrito blanco (esta idea la descarte inmediatamente pues no checaban los gritos de euforia de mujeres con la idea de marineros. Lo que si no supe cómo interpretar eran las ramas de árboles, todas ellas desmayadas por el calor y la falta de agua, que venían adornando el camión (no se me ocurrió pensar que venían muy contentos de ir a sembrar árboles porque no creo que les falten por estos rumbos).

Me quedé con las ganas de fotografiar el camión en cuestión, o al menos eso pensé porque a los pocos minutos volvió a escucharse el barullo. Ahora sí preparé la cámara de mi celular (que es mi herramienta de trabajo para este amadísimo blog) para tener evidencia de lo que sucedía.


Ha pasado una semana y los chamacos siguen trepados en los camiones de redilas paseándose por todo Estocolmo bañados en sudor y cerveza. Seguro terminan el día con insolación.

La música es variada, hasta una rola en español se dejó oir. A veces traen banderas de otros países. Cuando es un camión con puros güeritos arriba no traen bandera. Mi primera deducción es que hay algunos cuyo origen es distinto y no se animan a olvidarlo, pero en ese ánimo de no olvidarlo no sé que tanto eviten formar parte del de azul y amarillo. Salta a la vista que los de origen diferente se juntan (el juntarte con unos te aleja de otros).

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