Ir al contenido principal

He visto a mis padres

Es difícil decirles "adiós" a unos padres cuando justo los has encontrado. Viví muchos años cerca de ellos sin de verdad conocerlos como individuos con su propia historia, egoísta pensaba en todo lo que no recibía de ellos. Bueno, a ver, quizá esté siendo dura conmigo misma. Es de suponerse que un hijo espere de sus padres todo pues lo son todo en un momento de la vida.

Pero lo que quiero decir es que crecí, salí de casa y me sentí lo suficientemente grande para señalarles todas sus faltas. Cuando uno de verdad crece entiende que cada quien tiene sus razones para ser como es... No sé si esté dando demasiadas vueltas. Me duele la cabeza y mis hombros y cuello están tensos; empiezo a sentir nauseas.

Reitero, está siendo muy difícil dejar a mis papás. Aunque nunca los he cuidado, me pregunto quién los va a cuidar cuando no esté. Quiero protegerlos, aún cuando llevan muchos años (más de los que tengo de vida) cuidándose ellos mismos.

Pero es que hasta ahora he visto al niño y la niña que hay en ellos. Los respeto por todo lo que han logrado y les agradezco todo cuanto me han dado. He aprendido mucho de ellos, son para mi un ejemplo de auto-afirmación, valor, entrega, honestidad.

Los he amado siempre, pero muchos años sólo miré las faltas. Cuando uno quiere entender algo lo tiene que ver todo, las verdades a medias no son la verdad. Hay que entenderlo todo, mirar hacia ambos lados y de cualquier forma (mirando o no mirando) no hay que juzgar. Como juzga uno se lastima a uno mismo.

Entradas populares de este blog

Qué chulada de maíz pinto

Crecí oyendo a mi papá decir con enjundia "¡Qué chulada de maíz pinto!" cuando le veía las piernas a mi mamá y después se las estrujaba con las mega-manotas que Dios le dio.

Hasta hace poco no tenía una clara idea de lo hermoso que es el maíz azul (con el que hacen las tortillas azules que saben a gloria) hasta que de golpe lo vi en el mercado de Xochimilco, esta foto no me dejará mentir, su belleza es asombrosa.

No sólo los seres mueren

Aunque bien es de todos conocido que todo aquello dotado de vida e individualidad cuál célula autocontenida, dígase hombres, animales, plantas, organismos… mueren, y que sólo los hombres se enfrentan a su muerte con antelación como la más temida e ineludible de las profecías, pocos experimentan, como tal, la posibilidad.

No se necesita haber estado cerca de perder la vida para tener experiencia de tal posibilidad. Es más, ni siquiera este tipo de experiencias logran arrancar a todos del "pero todavía yo no" que funciona de tabla de salvación. 
Pero no sólo mueren los individuos. También mueren las relaciones, los placeres, los contextos, las ideas, los estados políticos y sociales… vaya, las situaciones sobre las que uno se experimenta como uno mismo. Somos en situación. Nos definimos por la situación en la que nos queremos encontrar, la situaciones en las que hemos estado y la situación en la que nos encontramos. Y todas ellas mueren. 
Nada permanece. Nada. 
La vida se nos…

El arte de no tener prisa

No hay nada en este mundo de hoy que nos persuada de no tener prisa, al contrario, aquí no hay tiempo para nada, todo ya va tarde y lo más importante: estamos a un paso de la muerte.

Vivimos en un estado de aceleramiento que ha probado no llevarnos a ningún lado. Todas las decisiones apresuradas no hacen sino robarnos el tiempo bajo la aparente eficacia de quién ya siempre está puesto en marcha sin una evaluación detenida de dónde está y que es lo que realmente quiere. 
Las decisiones apresuradas no sólo nos quitan el presente, también nos roban el futuro al llevarnos a situaciones caóticas que sólo lucieron razonables en los dos minutos que les dedicamos a pensarlas. Decidimos con base en nuestras angustias, pero peor todavía, decidimos basándonos en lo que debiéramos hacer para mantener en desarrollo el estado en el que nos vemos más deseables, más exitosos. Dicho de otra manera, decidimos con base en las apariencias y no de acuerdo a nuestras circunstancias. Decidimos como si tuvi…