Nunca hay soluciones a la media noche.
Hoy los ángeles están muy cayados.
Aquí no huele a nada, se oyen las respiraciones de todos los que no tienen pendientes.
No poder dormir de noche es como estar en el limbo, expurgando los pecados en la soledad a temperatura incómoda.
No hay nada que verle al refrigerador ni al Facebook. Y no me alcanzan las ganas para leer un libro. Y es que los libros hay que leerlos con café y ánimo de por medio. Tengo a tantos esperando...
Mis mayores preocupaciones no tienen solución. Así es el juego de la vida. Observas tu horizonte y caminas, luego el paisaje cambia y te confundes pero sigues. Después de un largo trayecto, te das cuenta que el horizonte es una ilusión que tú no dibujas y que, además, es inalcanzable. Caminas. No importa si corres, igual no llegarás a ningún lado porque todos los lugares importantes llegan a ti aunque te quedes parado. Pero caminas y anhelas.
Yo, la que escribe y está despierta, la que mira las sombras de la noche, espero. No sé qué espero. Pero me gustaría saber que ya va a llegar.





