domingo, diciembre 27, 2015

Todo pasa, esto también

¿Cuántas veces hemos escuchado eso de que "nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido"? Todo lo que tienes ahora lo vas a perder, ante el miedo te aseguras de que los bienes se queden ahí por siempre y mientras se te escurren entre los dedos los días, las relaciones, el frío, el calor, el descanso, la actividad, las comidas familiares, las comidas en soledad. La vida se escapa, las experiencias, la gente a tu lado.

Hoy te cansas de verle la cara a alguien simplemente por que ya la has visto demasiadas veces, y mañana ya no está. Hoy te aferras a tus posesiones y mañana en la soledad ya todas ellas carecen de sentido porque, el sentido se lo da la posibilidad de compartir la experiencia de ellas con alguien más. ¿De qué sirve la botella de vino escondida en espera de un momento digno si ese momento nunca llega o ya se fue porque cuando llegó era muy poco para ti? ¿De qué sirve esa ropa linda si no hay quien reciba la sonrisa de lo bien que te sientes con ella?

El sol del que te cubres hoy lo añorarás mañana que el día esté gris. La lluvia que hoy te causa tanto inconveniente la extrañarás cuando todo a tu alrededor esté seco. Todo pasa y lo dejas pasar sin dedicarle un momento de gratitud.

Todo lo que creas que se queda contigo por siempre, como la idea de ti mismo, la propiedad a perpetuidad, no hace más que darte un sentido de seguridad falso, porque en realidad ¿qué estás asegurando?

lunes, diciembre 21, 2015

Pausa, necesito decir algo

Una vez estuve en un chatroom. Ya no. Pero una vez estuve ahí porque en él estaban amigos que conocí hace mucho tiempo. Una vez estuve entre amigos con los que compartía algo en común. Ya no. ¿Ya no son mis amigos? ¿En algún momento lo fueron? ¿La amistad es algo pasajero? Creo que sí, que como todo en la vida, la amistad también pasa.

Una vez estuve en un chatroom porque parecía buena idea dar los buenos días y las buenas noches a aquellos amigos que tuve hace mucho tiempo. De los saludos pasamos a compartir sucesos importantes, casi todos enfermedades o logros. Luego ya sólo fue un lugar para cadenas de oración, adoctrinamientos de lo que es Dios o cómo debiera uno dirigirse a él y bendiciones de rutina... algo así como lo que podría llamarse "usar el nombre de Dios en vano". Estar en ese chatroom me permitió ver lo que nada tenía que ver conmigo.

Una vez estuve en un chatroom y sólo leía y leía y me abstenía de escribir porque intentaba respetar el modo de pensar de los demás, hasta que me di cuenta que sufría mucho leyendo porque no respetaba mi propia manera de pensar. De tanto que me abstuve es la hora que no termino de sacar fuera todo lo que hubiera querido escribir.

Yo quería escribir que ese dios de los domingos me viene guango, que ir a misa no me inspira, que personalizar a dios no hacía más que descubrirlo como la más grande farsa porque me queda claro que Dios no puede ser, porque todo lo que es, está sujeto a lo mismo que todo ente, a lo mismo que tú o que yo. James W. Heisig una vez escribió: «It does not matter how one defines the God behind the image, so long as it does not end up as a supernatural Caesar exacting taxes in the form of moral obligations»; y eso era justamente lo que lo que se hacía en ese chatroom.

De modo que me salí de ahí sin decir palabra, porque ¿quién iba a dar lugar ahí a una idea distinta de lo que tan fervorosamente se cultivaba entre cadena y cadena, entre petición y petición?


viernes, diciembre 04, 2015

Puedo resistir un convivio

Hoy me invitaron a un convivio post-congreso filosófico. Me armé de valor —porque necesito de mucho valor para ponerme entre extraños con los que no sé de qué puedo hablar, a no ser que sigue con el tema del congreso—, también me armé de una botella de vino tinto y de una precarga de música italiana.

Llegué tarde, supongo que estuvo mejor así. En lo que ellos hablaban yo comía y sonreía a ese hablar de nada —también los filósofos tienen ese tipo de pláticas— y no que yo tuviera de que hablar, así al vuelo, pero si me preguntan algo, puedo decir todo lo que sucede en mí.

De suerte, los anfitriones eran una cosa de lo más deliciosa, genuina y amable.

Cantamos, bueno, cantaron. La lluvia marcó una pausa y toda lamdinámica cambió. En un rescindido grupal acabé en un cuarteto que disfrutó —quiero creer— de mis profundidades con las que no se puede mas que compartir las profundidades propias. Aquí siempre falla la cosa, el silencio adviene.

Pero una niña entra a la sala y empieza a tocar el piano, entonces el silencio ya está a favor de la música y ya todos podemos descansar.

Qué difícil prueba. Lo intento pero es de una intensidad siempre —interior— que no soporto por mucho tiempo. Ahora lo acepto y no me forzo demasiado.

Salgo no sin antes despedirme de todos, cosa que también me es muy difícil. Pero  lo logro, me digo, esta vez no lo evité.

martes, diciembre 01, 2015

Overloaded

Voy llegando a casa luego de un día de conferencias, el cuarto ya, en torno al pensar la ontología y la historia en un marco filosófico.

Tengo mucho en la cabeza pero está en un entre: entre el pensamiento filosófico sin ser propiamente el lenguaje de los doctos de las conferencias y entre el pensamiento cotidiano sin ser el pensamiento de todos los días. De modo que lo que tengo que decir no sé a quién le pueda importar, pero sigo escribiendo esperando que algún otro "entre" se encuentre por ahí y algo de esto le haga sentido.

Como cualquier asistente a cualquier tipo de congreso, hay cosas que me hacen mucho sentido, cosas que me emocionan, cosas que no entiendo, cosas que no me importan y cosas que no sé que hacer con ellas.

A mí la ontología emparentada con la estética me hace corto circuito, en toda mi descomunal ignorancia no sé por qué alguien se detiene a pensar en un disque arte porque según genera aperturidad, porque según esto el arte no necesita de explicaciones y pues justo ahí se rompe la teoría —la regla, pues— porque yo no entendía a qué venía una película de un lugar lejano, árido con niños jugando con un carrete de película. Luego de la explicación medio entendí lo que se planteaba. A mi parecer las aperturidades —un extrañamiento primero seguido de un intento de nombrarlo y que mueve al que lo presencia, que, además, dependiendo de la profundidad de la apertura puede llegar a transformarlo, a cambiar su modo de ser (de ahí la ontología)— se puede dar en cualquier momento y con cualquier cosa y que el arte muchas veces, la mayoría, tiene que ser explicado, es decir, se necesita de un contexto para apreciarlo. Pongamos por ejemplo un poema, un simple mortal lo lee y dice "ah" y nada, el poema no lo interpela porque no hay nada en su experiencia que le provoque sentido. En todo esto juega, entiendo, la disposición anímica, esto es, si estoy enojadísima no recibo de la misma manera un objeto que si estoy extasiada.

Luego, en todo este discurso pintan la raya a la tecnología y dicen que no quieren pensarla desde la tecnología haciendo el símil de no pensar un cuadro desde los pinceles. Pero toda obra (de arte o técnica o tecnológica) está impactada por todo aquello que le ha dado lugar. Yo veo cierto dispositivo tecnológico y me puedo quedar boquiabierta por todo lo que su existencia implica, pero claro, necesito el contexto y ello implica verlo también desde la tecnología, cierto que habrá quien lo vea y diga "ah".

Pero bueno, ya en este punto, habrá quienes hayan desistido de leer esto. Yo personalmente hubiera desistido porque me parece que hay cosas mucho más importantes que pensar como, siguiendo con el tema, la falta de extrañamiento.

Pues sí, el 80%, por poner un número, de la gente con la que tengo contacto es una piedra con patas, un merolico sin ideas propias, un auto ungido salvador de frases hechas, un acumulador de conocimiento, un sofista, una canica que rebota dentro de un círculo reducido, un ladrón de existencia, un conforme, una pobre víctima ficticia, un ya mero, un como salga, un planeador de la vida, una copia de modelos para las masas aunque se crean VIP. Viendo toda esta gente, ¿qué diablos importa una película que sólo muestra unos niños tras un carrete, que además te tienen que explicar lo que deberías ver —y no porque uno no sea capaz de extrañamiento? Crear absurdos no implica ni arte ni aperturas, el absurdo no se hace, es.

martes, noviembre 17, 2015

Y uno espera comentarios inteligentes

Me desperté la mañana del sábado queriendo ya escribir sobre el libro francés que recién había leído. Aunque hablaba de inmigrantes con visa vencida y buscando cómo quedarse en París, me gustó. Digo me gustó porque en mis clases de francés hemos tocado temas sobre los inmigrantes y lo he odiado (el tema).

En fin, que con computadora encendida y post enviado lo siguiente que veo son condolencias a Francia. Así me enteré. Que maten gente que bien podrías ser tú, da mucha rabia y en verdad despierta esas ganas de que acaben con los culpables. Creo que es la reacción inmediata más común y creo que de ahí se fundamentan muchas decisiones que debieran ser pensadas y que, si tales acciones de reacción ya han sido pensadas, me causan mucha más repulsión interior. 

En realidad no podría decir cuál es la mejor decisión, pero con historiografía en mano podemos deducir que responder un golpe con otro golpe deja por medio mucho rencor que se traduce en futuros golpes. ¿Cuántos años tenemos sobre la faz de la Tierra y seguimos jugando a los trancazos?

Claro, yo sé que esto no es un juego, pero parece que no hay detrás de todo esto un propósito por vivir mejor sino una necesidad de reafirmarse por encima del otro. 

Me puse a leer las noticias y vi reportajes y esperaba que alguien inteligente dijera algo. Al fin aparecieron los filósofos con sus diferentes puntos de vista formando bandos y luego poniéndose los unos contra los otros. 

Finalmente el Dalai Lama que me suele caer pésimo dijo algo congruente: esto no se arregla con rezos. Alabado.

Siglo veintiuno y muchos parece que nacieron en la Edad Media. Andan perdidos creyendo en trascendentales y en algo mejor no sé en dónde, pero mientras echando a perder este ahora que sí nos consta. 

Y otros tantos inmersos en la ilusión de progreso y poder de la modernidad maquinando en contra de sus semejantes. 

Con Dios o sin él, la gente igual se mata. Todos quieren tener la razón y quieren dominar al otro.

No, no es cuestión de fé. Ni de escoger el mejor bando, ni de estar a favor de la cultura que mejor le acomoda a uno y que se joda el resto. Tampoco es cuestión de callarse porque en la propia "casa" las cosas no andan ni remotamente bien. Ni de pintarse de colores —literal—. Tenemos un problema mayúsculo que nos compete a todos porque no hemos sino estado alimentando el odio y el poder aquí y allá.