domingo, agosto 16, 2015

No hay regresar

No se puede ser romántico en el presente, siempre está la mirada en el pasado y quizá a veces se logre ser romántico mirando hacia el futuro. Pero se puede ser amoroso en el presente, vaya si se puede.

La creación no parte de cero pero sí de la nada. La creación se hace de la memoria y se proyecta no sabe si lejos o cerca, pero se proyecta. La creación es en la nada y la nada fue siempre, es siempre y siempre será. La creación es devenir sin propósito, es simple devenir oscuro que ilumina cuando la luz te ciega. 

La creación no regresa, no tiene a dónde volver y, a decir verdad, ninguna vez se ha ido; no hay no regresar.

Entonces, ¿de dónde la nostalgia, el revuelo interior que despierta tras una conocida tonada?

jueves, agosto 06, 2015

¿Qué escribir?

Ha pasado un largo tiempo sin escribir por acá. Quizá porque últimamente sólo tengo opiniones en torno a la política de México y esas opiniones no me hacen sentir bien.

Odio hablar de política, no de la política como "debiera ser" o teórica, esto es, de aquello que nos reúne con un propósito común como entidad social. La política que odio es la que se practica alrededor del mundo, esa que muestra la peor cara del ser humano, esa que mueve al ser humano para ver sólo para sí, egoísta, acumuladora de poder, manipuladora, mentirosa. 

Todo el trabajo bien intencionado de los mexicanos que quieren "sacar adelante" a su país son tirados a la basura por los políticos "elegidos" por el pueblo hambreado en todos los sentidos. 

No estoy a favor de la violencia, de las marchas, de buscar al "menos peor". Los movimientos generalmente se apoyan en la masa, creo que es momento de que los privilegiados hagan algo, aunque ello les signifique incomodarse, terminar con su trato VIP. Los "jodidos" no pueden hacer nada salvo prestarse como peones sacrificables y me parece que eso ya no es una opción para el México en el que quiero vivir. 

domingo, mayo 31, 2015

Comida

Me gusta la comida, creo que ya lo he dicho varias veces. Decirle comida es simplificar en exceso lo que en realidad me gusta y lo que siento por ello.

Comer, para mí, no es llevarse algo a la boca; no es hacerlos, ciertamente, a la hora marcada para ello. Comer no es alimentarme de manera perfecta siguiendo una tabla de porcentajes.

¿Qué es comer? Ansiar el momento, saborear el vacío de la boca que se abre bajo la contraseña recibida por el olfato. Comer es mirar, sentir, pensar, elegir, valorar, establecer una postura política, seguir un código ético, preguntarse, abrirse, compartir, recordar, agradecer. Comer es un acto de amor a la vida que se la devora, es ciertamente una tensión dialéctica. 

Comer es disponerse al placer y dejar salir todo lo que se es en el instante. Comer es recibir el trabajo de muchas manos sin rostro y que unas pocas te ponen ante la mesa. Comer es un acto sacro, místico ante el cual la razón se aparta respetuosa para aprender. 

Comer es ponerse en estado vulnerable, es tener confianza para dejar entrar, es recibir y dejar que lentamente se vaya toda presencia del paladar para luego hablar de recuerdos. 

lunes, mayo 25, 2015

Respuesta sentida a una pregunta pendiente

Hace poco me hicieron una pregunta que, dada toda la revolución interior que me causan ciertas posturas, entre la represión y el nerviosismo de quien se está jugando el destino, medio contesté.

La pregunta era ¿qué le contestarías a Carnap respecto a la crítica que hace sobre el "uso inapropiado" de la palabra nada, dado que se refiere a lo no-existente? (Algo así fue formulada, no recuerdo las palabras exactas).

Antes que cualquier cosa llegara a mi cabeza —o debería de escribir: antes que pudiera reflexionar sobre la crítica, para que los cuadrados como Carnap no esbocen una media risa sarcástica— lo que llegó a mí fue un ardor de furia al recordar el mísero librito ese de Rudolf Carnap que leí hace años y unas ganas casí incontenibles de decir que tanta literalidad (la de Carnap) no muestra sino una completa falta de entendimiento de lo que ciertas formas de lenguaje intentan expresar más allá de una proposición que a simple vista y vía la lógica (que cualquier computadora puede aplicar) se le puede tachar de incongruente por expresar una indeterminación. 

El contexto en el que se aplica la lógica a los enunciados es aquel del leguaje literal como: "el sol calienta", "el sol es un astro", etc. Pero cuando llega una oración como "la nada nadea", el pensamiento lógico racional entra en shock, sobre todo en idiomas en que la nada es una no cosa (nothing): no se puede decir que algo sea una no cosa o esté en un no lugar o que suceda en un no tiempo. Vaya, ¡es que son registros distintos! Y aunque lo entiende Carnap y dice que está bien ese lenguaje en las artes y que hay que tener claro que una cosa es un poema y otra una afirmación filosófica, éste no puede terminar de "ver" el espacio que abren tales formas lingüísticas. 

Pero, ¿habremos de limitarnos a indagar y a referirnos a temas o conceptos dentro de un formato estrictamente lógico de modo que ello pueda ser argumentado como Sócrates hace con el argumento de Parménides en el Teeteto de Platón? Es decir, ¿la filosofía es perdernos en la textura de una proposición o indagar con las herramientas que tengamos sobre lo que realmente importa? 

Para mí, ese Carnap habría sido un excelente programador de computadoras, un analista del lenguaje que no se daría la oportunidad de preguntarse por el "lugar" del surgimiento de la existencia anterior a toda interpretación y a lo que significa para el ser humano tener experiencias de ello. El sr. Carnap está perdido en el mundo de lo ente, de la literalidad, de la razón dura, de lo que se puede modelar. 

Y por cierto, ¿qué hay del uso del cero, del infinito y del límite cuando se tiende hacia cualquier cosa sin llegar ahí? ¿Está bien para las matemáticas y mal para la filosofía?

Nothing es sólo una palabra para describir una apertura que tuvo la mala suerte de ser precedida por un "no" y ser entendida como algo negativo.

domingo, mayo 03, 2015

¿Qué hacer como cliente?

Como clientes estamos a merced, literalmente, de las empresas. El poder del cliente, ese que decide dónde poner su dinero —o a qué empresa contratar— no tiene valor para las empresas y cada vez tiene menos valor para el cliente mismo. En general nos sentimos sin alternativa cuando en realidad sí podemos decidir aunque ello implique modificar nuestros hábitos.

Yo he tenido malas experiencias con el poder que ejerce una empresa que siente —o le consta— que clientes le sobran. Las empresas sólo quieren captar, lo que suceda después les importa muy poco y erróneamente el cliente piensa que no puede hacer nada al respecto. Quizá no se pueda dañar a la empresa o hacerla pagar por su mal servicio en este país, pero se puede cortar toda relación con ella y hablar de nuestras malas experiencias con amigos, esto es, hacer mercadotecnia a la inversa.

Cuando American Express me dijo que no tenía tiempo ni medios para avisarle a un cliente de un cheque rebotado y, no pudiendo arreglar nada por teléfono fui directamente a sus oficinas y me hicieron saber que como cliente les importaba muy poco, decidí cancelar mi cuenta con ellos. Han pasado más de diez años y aun me siguen hablando para ofrecerme sus productos, todas las veces me he negado y les he dicho porqué, pero no parecen escuchar, no tienen ningún proceso para recibir retroalimentación. Así, siempre me negaré ha restablecer relación alguna.

Igualmente sucedió con Telcel, que ahora me llaman a mi número que tengo contratado con otra compañía para ofrecerme planes, y con el servicio de Prodigy de Telmex de los que recibí pésima atención técnica e incluso cuelgue de teléfono al igual que hace unos días me sucedió con Cinépolis que además tiene estrategias de captación engañosas. Bien, esas empresas ya no me tienen entre sus clientes. Eso es lo que puedo hacer por mí: no permitir malos tratos a quien le estoy pagando por un servicio.

Si los clientes no hacemos nada por nosotros y seguimos poniendo nuestro dinero en ese tipo de empresas, éstas nunca van a encontrar un motivo para cambiar. Si en algún momento las encontramos convenientes y cortar con la relación implica una incomodidad —cortar con una relación siempre es incómodo—, no por ello debemos conformarnos, tolerar y pagar por ello. Imaginen si todos nos diéramos el valor que se nos niega, los ingresos de las empresas se verían afectados.

Yo prefiero darle la oportunidad a otros, ¿y ustedes?