domingo, mayo 03, 2015

¿Qué hacer como cliente?

Como clientes estamos a merced, literalmente, de las empresas. El poder del cliente, ese que decide dónde poner su dinero —o a qué empresa contratar— no tiene valor para las empresas y cada vez tiene menos valor para el cliente mismo. En general nos sentimos sin alternativa cuando en realidad sí podemos decidir aunque ello implique modificar nuestros hábitos.

Yo he tenido malas experiencias con el poder que ejerce una empresa que siente —o le consta— que clientes le sobran. Las empresas sólo quieren captar, lo que suceda después les importa muy poco y erróneamente el cliente piensa que no puede hacer nada al respecto. Quizá no se pueda dañar a la empresa o hacerla pagar por su mal servicio en este país, pero se puede cortar toda relación con ella y hablar de nuestras malas experiencias con amigos, esto es, hacer mercadotecnia a la inversa.

Cuando American Express me dijo que no tenía tiempo ni medios para avisarle a un cliente de un cheque rebotado y, no pudiendo arreglar nada por teléfono fui directamente a sus oficinas y me hicieron saber que como cliente les importaba muy poco, decidí cancelar mi cuenta con ellos. Han pasado más de diez años y aun me siguen hablando para ofrecerme sus productos, todas las veces me he negado y les he dicho porqué, pero no parecen escuchar, no tienen ningún proceso para recibir retroalimentación. Así, siempre me negaré ha restablecer relación alguna.

Igualmente sucedió con Telcel, que ahora me llaman a mi número que tengo contratado con otra compañía para ofrecerme planes, y con el servicio de Prodigy de Telmex de los que recibí pésima atención técnica e incluso cuelgue de teléfono al igual que hace unos días me sucedió con Cinépolis que además tiene estrategias de captación engañosas. Bien, esas empresas ya no me tienen entre sus clientes. Eso es lo que puedo hacer por mí: no permitir malos tratos a quien le estoy pagando por un servicio.

Si los clientes no hacemos nada por nosotros y seguimos poniendo nuestro dinero en ese tipo de empresas, éstas nunca van a encontrar un motivo para cambiar. Si en algún momento las encontramos convenientes y cortar con la relación implica una incomodidad —cortar con una relación siempre es incómodo—, no por ello debemos conformarnos, tolerar y pagar por ello. Imaginen si todos nos diéramos el valor que se nos niega, los ingresos de las empresas se verían afectados.

Yo prefiero darle la oportunidad a otros, ¿y ustedes?

martes, abril 21, 2015

¿Hay algo que meditar al respecto?

Vengo de la pestaña de al lado de mi navegador web. Recién visité mi blog Leo luego escribo y me causa no sé que de entrada ver cuáles son los libros que he leído que más visitas tienen. Ni caso tiene escribir aquí los nombres porque claramente se ve que las palabras que contienen los títulos hacen referencia a lo que más busca la gente.

¿Qué busca la gente? Pues si descartamos a los ociosos sensacionalistas nos quedamos con búsquedas muy interesantes. Las búsquedas siempre provienen de las necesidades, de las carencias, de lo que más íntimamente nos interesa: espiritualidad, felicidad-relaciones, muerte.

viernes, abril 17, 2015

Entre idiomas

Supongo que cada quien tiene sus gustos, tendencias o predilecciones en cuanto a idiomas se refiere. Yo tengo muchos.

Mi paso por el aprendizaje de distintos idiomas ya tiene un rato. No diría que se trata de inconstancia o de incapacidad de aprender bien al menos alguno. Mi vida me a puesto delante las oportunidades y me gusta probar. 

Canto y suspiro italiano, como y suspiro francés, medito y suspiro alemán, descubro y suspiro griego, sintetizo inglés, me abismo sueco y guardo silencio en español.

No se me mal entienda, no domino ninguno, sino más bien son como piedritas que guardo en la bolsa a manera de recuerdos, son pequeñas grietas desde las que se me cuela el mundo y me pone tan triste no poder hablar y entender todo lo que quisiera, pero igual canto, como, medito, descubro, sintetizo, me abismo y guardo silencio.

Y dentro de mí, un paisaje de campiña recibe una mesa de mantel blanco con vino, aceitunas, pan, aceite de olivo, queso y mermelada; bajo un fondo musical extremadamente emocional pienso en la nada, el ethos y la apertura radical. That's my life. Silencio.


FÜR MÄNNER
Überzeugen ist unfruchtbar. 
Walter Benjamin


lunes, abril 13, 2015

Rememorando

En una breve pausa, a la luz del café, de la voz de Jon Carin al ritmo de Pink Floyd, del suave y aterciopelado sabor de un crème brûlé; una vez distendidos los músculos de los hombros, una vez hecho contacto con el pulsante interior; rememoro.

¿Cuándo fue que perdí el contacto con la fuente de lo que solía escribir? ¿Cuándo llegó la duda de aquello que tenía atmósfera de certeza? Me leo en aquellas palabras de hace dos años y entiendo lo que he dejado de comprender. Hace unas horas ya no sabía nada de lo que sabía hace dos años. ¿He olvidado? No, no es olvido. Es la consecuencia del trabajo de la duda que me ha sacado de mí para irme a buscar no sé a donde.

Entre hace dos años y hoy hubo algo. El regreso al pensar calculador, al análisis, a los datos duros, a las palabras de renombre. El abandono de lo sutil por lo concreto. El hacerme de los modos de la ciencia, de los modos de la academia que no han dejado espacio para mis modos, los latentes, los vivos, los de voz propia, los de luz oscura.

Rememoro, vuelve a mí esa percepción de la entrega completa de la existencia en el hacer. No está dado el descubrir a simple vista a los anónimos entregándolo todo al lado de los renombrados. ¿Quién quiere el renombre a costa de una vida de aflicción, de una vida guardada del arrojo incondicional? 

A veces hay que jugar a hacer palabras y a formular ecuaciones irreprochables. Que el juego no me lleve lejos de mi esencia, que no deje de escribir eso que me gusta leer, que no me olvide a mí misma. Creo que esto es learning to fly, sostener la tensión y no preguntarse cómo es que se vuela. Se vuela, simplemente se vuela.

domingo, marzo 29, 2015

Domingo

Me gustan los sonidos del domingo, la tranquilidad de un silencio de calles no escuchado entre semana. Me gusta el sonido de la podadora del vecino y la voz calmada de su esposa planeando la comida. Me gusta que puedo oír mucho más que entre semana, que percibo el aproximarse de un camión que va dando vuelta por la esquina de dos calles más arriba. Me gusta que los perros estén retosando y que no ladren porque nadie de fuera pasa por aquí.

La mañana de los domingos es mucho más larga, no hay que ir a ningún lado por fuerza.

El café le da pinceladas placenteras.

El estómago espera algo diferente para hoy.

La mañana de los domingos se extiende más allá del medio día, el pijama se queda por más tiempo conmigo y el cabello se me desparrama por todos lados sin ningún orden en especial.

Los domingos tiene el suficiente tiempo para cortar las orillas del pasto, para quitar la hierba que creció mientras nos ocupábamos de la rutina. El domingo nos da la oportunidad de mirarnos a nosotros mismos con calma y redescubrirnos.

Como me es natural, los domingos también pienso en la comida. Pienso en si será un domingo de sushi, de quesadillas de mercado o de hamburguesa. Si hoy fuera un domingo de reunión familiar pensaría en carne asada... hace mucho que no como carne asada. 

Hoy es domingo de pants, de carrera en el bosque, de baño caliente y otra vez pants. Es día de lectura reposada y de música variada.

Los domingos son el único día que no pienso en mañana, quizá por eso me resulten más largos, quizá por eso me resista a quitarme mi pijama, quizá por eso me consienta —como debiera hacerlo todos los días.