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Plan de vida a cinco años

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Sucede que me encuentro con preguntas sobre la dirección de mi vida: ¿Sé lo que quiero? ¿Voy en la dirección correcta? ¿Voy tras la mejor versión de mí misma?

Plan a cinco años. Lo pensé. Cerré el libro. Lo volví a abrir. Las preguntas difíciles hay que enfrentarlas, que no quiere decir que haya que contestarlas.

Así que ¿cómo me veo en cinco años? Lo primero que pienso es que "ojalá pueda verme todavía en cinco años". La vida es impredecible. Luego entonces, ¿plan?

Y me puse a navegar buscando ayuda. Hay por ahí formatos para armar el plan, también puedes encontrar infogramas que te dicen con toda certeza: ¿quieres ser feliz?, entonces comprométete con un plan en lugar de hacerlo con una persona o con una cosa. Y me pregunto, ¿de qué se puede componer un plan que no tiene adentro ni personas ni cosas? La promesa del plan es ganar más dinero (¿para qué si no quieres cosas?), calificarse de exitoso por lograr metas, ser poderoso, apreciado (¿por quién sin no estás pensando e…

¿A dónde va el viento cuando no sopla?

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Si algo entendí en la primaria es que a veces uno no quiere respuestas que clarifiquen sino poemas que calmen desde un lugar inusual que puede mágicamente restablecerlo todo.
Y luego todavía hay gente que pregunta: ¿y para qué poetas?…(o filósofos)
Poeta. Expresar sin hacer. El desplegar que en sí mismo no sirve a nadie.
No entretener, no divagar, no perderse… encontrarse.
¿Quién? Nadie. Nada. Todo.
Porque la existencia es más de lo que se puede ver, no porque falten ojos o tiempo. 
Soltar de una vez por todas lo ya dado. Quitar la mirada de la fotografía (buscando, reteniendo, recordando, re-presentando). Esperar sin esperar. Querer sin querer. Recibir sin pedir. Soltar sin despreciar. Mirar sin buscar. Re-situarnos en ningún lado. Inaugurar sin decidir qué.

¿Nostalgia? Este es el texto de la primaria: ¿Qué hace el viento cuando no sopla?

Ekam Enlightenment Festival

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Pues me llego la información de un festival de la iluminación —sí, así como suena— en la India que tendrá lugar este próximo diciembre, por si alguien no sabe que hacer con su tiempo o su dinero o está falto de cariño a sí mismo (no es ironía, bueno sí, algo).

Como me interesa en extremo los temas que tocan la iluminación he decidido dedicarle un rato a eso que vende el festival —primero porque he estado en los lugares más oscuros de mi mente, luego porque trasciende la psicología y nos adentra al "lugar" en el que el hombre se experimenta, y finalmente porque estuve hace tiempo estudiando filosofía japonesa y es en extremo interesante cómo ese "lugar" ha sido tema filosófico a lo largo y ancho del mundo e incluso la literatura lo ha abordado, por ejemplo Murakami llega a acercarse misteriosamente a él en su Kafka en la orilla—.

Sí, la iluminación es un tema apasionante. ¿Es una cuestión espiritual? Antes de siquiera plantearlo, habríamos de entender qué es exacta…

Amarillo en la punta de los dedos

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Click, click, click, se oye quedito como un teclado está siendo acariciado por la punta de unos dedos amarillos.

Amarillo. Pareciera que es medio día de junio y no la mañana de un día de noviembre que ha despertado muy temprano a los vecinos.

Por el amarillo se cuelan las letras como si cayeran hojuelas de una caja de cereal. Click, click. Caen las letras en la blanca página y se hacen trenecitos largos y cortitos uno tras otro en caravana migrante dispuesta a conocer el mundo. Cri-crí nunca se imaginó un desfile más largo, sólo pudo ver cinco letras formadas en una suerte de ingenuo debut en lo vasto del sonido. Las letras se han aliado formando distintas organizaciones y vienen por todo, saben bien que sin ellas no hay mundo.

Y mundo, esto ellas no lo saben, sólo crece en tierra fértil.

Fuera de la tierra las letras sólo forman palabras vacías de sonido estridente. El que grita no tiene nada qué decir.

Click... click... deténganse, ya hemos dicho algo.

Lo desconocido #nosolodiario #nosoloheidegger

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¿Qué es lo desconocido?

Nadie sabe.

Pero le contestan a diario sin saberlo.

Le abren la puerta de su casa cuando toca lo conocido. Lo des-conocido viene con lo conocido.

Entonces se escabulle, se para tras de ti. Y sabes que algo falta de entre todo lo conocido que ves.

Buscas. No lo encuentras. No sabes lo que buscas. Pero está detrás de ti abriendo espacio.

¿Por qué? ¿Para qué? Nada sabemos pero igualmente intentamos resolverlo. Los enigmas no son para olvidarlos ni tampoco para superarlos. Los enigmas son para movernos… ¿hacia dónde? No sabemos.

Lo desconocido te hace señas, te toca desde atrás. Y sabes. Sabes porque no sabes. Has visto la seña pero nadie más voltea a verla. Cada individuo singular sigue las pistas que le son dadas. Todas las pistas marcadas por lo desconocido nos llevan a él. Y nunca llegamos. Siempre estamos llegando.

Lo desconocido no es esa meta de la que nada sabes aún. Lo desconocido es eso que permanece detrás de cada logro, de cada paso, de cada cruce, de …

Libertad, el fin a la autorepresión

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Pues resulta que últimamente me ha dado por cuestionar mi posición respecto a las cosas. Creo que todo tuvo que ver con Judith Butler y antes que eso con mi pregunta sobre qué es ser mujer. Así que me encuentro con la siguiente frase: «La vida se hace más vivible si no estamos atados a términos y categorías que no nos representan», que me cayó que ni pintada y empiezo a preguntarme en cuantas categorías me he metido a fuerza de querer ser "buena" o de querer hacer las cosas como "se deben". ¡Qué! ¡Basta! Así que desde ahora o me cuadra o a la goma, porque quiero hacer mi vida más vivible, quiero hacer de mi vida, eso, mi vida.

Así que, por ejemplo, para no entrar en detalles embarazosos, resulta que me había plantado la idea de que las mariposas son lindas y que son muy de niña y yo soy niña y ¡zas! mariposas a "forziori" y me inhibo gustos que no son tan de niña como ¡los osos! Me encantan los osos, no los osos mariposos como el Winnie Pooh o los Cariño…

Sushi Sho Estocolmo

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Me duele la cabeza, está saturada. Nada hasta ahora ha calmado la sobrecarga, así que me acuerdo de Sho y pienso en lo mucho que desearía que existiera un Sho para mi cabeza y pudiera sentir lo que ahí sintió mi estómago.

Sho está en Estocolmo, es un lugar pequeño para comer sushi. Pero es más que eso de una manera que no es exactamente "más" como solemos entenderlo.

Sho es cercano sin ser invasivo, íntimo sin ser secreto, caro sin ser ostentoso, pequeño sin ser insignificante, discreto sin ser desconocido, simple sin ser sencillo… Aunque no todos los comensales que asisten tienen la delicadeza de saber compartir la mesa, porque es una sola mesa —más bien una barra— desde donde te colocan cada nigiri en tu mano. No hay carta, hay lo que hay, pero puedes comer con los ojos cerrados.

Así que la gente pro-Las Vegas puede abstenerse.

¿Por qué quiero un lugar así para mi cabeza? Porque quiero poca concurrencia, quiero que me atienda personalmente el chef, quiero que cada bocado …