domingo, abril 24, 2016

La noche

A veces la felicidad sabe a nostalgia.

A veces de noche se ve mejor, pero porque es de noche deduces que no ves.

A veces los sueños que te hicieron pensar en el futuro, hoy te impiden ver más allá.

A veces el más allá está dentro de tu piel.

A veces no es tiempo de nada, porque nada de lo que pudieras haber pensado puede acontecer ahora.

La noche siempre llega, es la mayor de las promesas. Y porque te es incondicional la evades. Pero la noche es cobijo, es silencio que calma, es abrazo y cercanía. La noche reúne lo que sucedió en el día y en todos los días y todas las otras noches. La noche te hace uno y al cerrar los ojos cansado no puede prometerte otra cosa que otro comienzo, el volverte a darte a ti mismo al día en un giro que te vuelve a poner ahí, para ti.

En la noche no hay porqué asir nada, todos tus fantasmas aparecen para decirte que los dejes ir.

La noche es el tiempo del amor que sabe a nostalgia.

viernes, abril 22, 2016

No me hallo

Así dicen cuando quieren decir que el confortable mundo familiar en el que ya se tenía algún dominio, se está desacomodando. "No me hallo" es la manera en que con una oración tratamos de jalar aire desesperadamente, una manera de invocar el orden.

No me hallo. Quiero decir no siento que fluya. Heidegger no pensó en esta disposición anímica con la que el ser interrumpe la cotidianidad y te muestra el lado oscuro: el caos mental, la inutilidad patente de la voluntad. —Qué bien que quieras porque no se trata de querer sino de resistir. 

Aquí no hay nada nuevo. Aquí se libran las mismas batallas de siempre: las del querer, las del sentir y las del pensar. Existencia, le llaman. 

Pero como bien clama la canción de Depeche Mode todo parece: Wrong! Too wrong!: wrong side, wrong time, wrong place, wrong questions with wrong replies…

Y entre más se lucha por el orden más crece el caos. 

Hay que esperar, respirar, guardar silencio.

jueves, abril 14, 2016

Me quiero de vuelta

Hace tiempo no era tan difícil escribir. Ahora es una tortura sentarme para escribir algo más que notas, pensamientos breves y referencias. De productora, ya sea buena o mala, me he convertido en acumuladora: colecciono lecturas que me dicen cosas pero de las que ya no puedo decir nada.

Antes no me importaba, escribía lo que me parecía, así como me venía a la cabeza, o a los dedos si quien me haya leído pudiera llegar a pensar que nunca paso lo que escribí por mi cabeza. No importa, la cuestión es que escribía y lo disfrutaba aunque me desbordara una ansiedad al hacerlo.

En mis primero años estudiando filosofía, escribía ensayos con las ideas que me provocaban los filósofos en turno. Sentía un llamado de atención sobre algún punto y de ahí me colgaba. Pero luego llegó la tesis y con ello la rigurosa revisión y empecé a perder la confianza en lo que quería decir. Estaba cierta de lo que quería escribir, así me sentía, pero parece que en realidad estaba escribiendo algo que no era filosofía (ni literatura, ni nada). Y me alineé y ajusté mi querer decir al "dice fulanito pensador qué…" Y luego vino el examen para entrar a la maestría y las entrevistas con los señores doctores y esa sensación de no-sé-nada-de-nada. Ya en la maestría me encuentro más dudosa y más coloquial en mis comentarios de lo que están acostumbrados en el posgrado y aunque presiento que entiendo parece que no entiendo nada. La tesis de la maestría se ha vuelto en un verdadero martirio porque no basta con que quiera decir algo sino que se tiene que ajustar a un área determinada y tiene que ser detallada respecto a lo que digan selectos autores que tardaron toda su vida en decir algo que yo quiero resumir en unos cuantos párrafos —sacrílega de mí.

Y abrí un libro de Murakami y empecé a leer y de pronto me acordé de todo lo que sentía cuando estaba acompañada de un libro y sentía una urgencia de escribir y suspirar y soñar. Y ya con la puerta entreabierta una clase de Heidegger hace una pausa para hablar del canto y la poesía y me acordé de ese lugar que solía habitar. En ese lugar uno comulga, el lenguaje se presenta sin evaluaciones, las oraciones no buscan un reconocimiento y mucho menos una validación, sólo quieren decir. Me acordé de mí.

¿Por qué es tan difícil decir lo que uno quiere como quiere, cuando no se tiene un "nombre" que a los ojos del mundo respalden lo dicho? ¿Por qué esas ganas de la sociedad de conformarlo todo para que luzca lo mismo y además luego lo tachen porque no dice nada nuevo?

Quiero escribir yo cuando escribo, quiero sentirme cuando lo hago y quiero ser yo quien te detenga entre líneas. Quiero decir "espacio" y no tener que explicarlo a los ojos de X o Y. Quiero entender la nada y el tiempo y no tener que explicar porque la nada nadea y el tiempo temporiza a la luz del parágrafo Z o desde la perspectiva del primero o el segundo Heidegger, porque no importa Heidegger sino la nada y el tiempo.

Me gustaba cuando leía sin saber a quién leía, me gustaba cuando me perdía entre las sensaciones que refería con colores, formas y canciones. Quizá ya esté lista para valorar esa nada en la que me perdía y que como era nada, no la podía compartir y las manos se me ponían frías.

domingo, diciembre 27, 2015

Todo pasa, esto también

¿Cuántas veces hemos escuchado eso de que "nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido"? Todo lo que tienes ahora lo vas a perder, ante el miedo te aseguras de que los bienes se queden ahí por siempre y mientras se te escurren entre los dedos los días, las relaciones, el frío, el calor, el descanso, la actividad, las comidas familiares, las comidas en soledad. La vida se escapa, las experiencias, la gente a tu lado.

Hoy te cansas de verle la cara a alguien simplemente por que ya la has visto demasiadas veces, y mañana ya no está. Hoy te aferras a tus posesiones y mañana en la soledad ya todas ellas carecen de sentido porque, el sentido se lo da la posibilidad de compartir la experiencia de ellas con alguien más. ¿De qué sirve la botella de vino escondida en espera de un momento digno si ese momento nunca llega o ya se fue porque cuando llegó era muy poco para ti? ¿De qué sirve esa ropa linda si no hay quien reciba la sonrisa de lo bien que te sientes con ella?

El sol del que te cubres hoy lo añorarás mañana que el día esté gris. La lluvia que hoy te causa tanto inconveniente la extrañarás cuando todo a tu alrededor esté seco. Todo pasa y lo dejas pasar sin dedicarle un momento de gratitud.

Todo lo que creas que se queda contigo por siempre, como la idea de ti mismo, la propiedad a perpetuidad, no hace más que darte un sentido de seguridad falso, porque en realidad ¿qué estás asegurando?

lunes, diciembre 21, 2015

Pausa, necesito decir algo

Una vez estuve en un chatroom. Ya no. Pero una vez estuve ahí porque en él estaban amigos que conocí hace mucho tiempo. Una vez estuve entre amigos con los que compartía algo en común. Ya no. ¿Ya no son mis amigos? ¿En algún momento lo fueron? ¿La amistad es algo pasajero? Creo que sí, que como todo en la vida, la amistad también pasa.

Una vez estuve en un chatroom porque parecía buena idea dar los buenos días y las buenas noches a aquellos amigos que tuve hace mucho tiempo. De los saludos pasamos a compartir sucesos importantes, casi todos enfermedades o logros. Luego ya sólo fue un lugar para cadenas de oración, adoctrinamientos de lo que es Dios o cómo debiera uno dirigirse a él y bendiciones de rutina... algo así como lo que podría llamarse "usar el nombre de Dios en vano". Estar en ese chatroom me permitió ver lo que nada tenía que ver conmigo.

Una vez estuve en un chatroom y sólo leía y leía y me abstenía de escribir porque intentaba respetar el modo de pensar de los demás, hasta que me di cuenta que sufría mucho leyendo porque no respetaba mi propia manera de pensar. De tanto que me abstuve es la hora que no termino de sacar fuera todo lo que hubiera querido escribir.

Yo quería escribir que ese dios de los domingos me viene guango, que ir a misa no me inspira, que personalizar a dios no hacía más que descubrirlo como la más grande farsa porque me queda claro que Dios no puede ser, porque todo lo que es, está sujeto a lo mismo que todo ente, a lo mismo que tú o que yo. James W. Heisig una vez escribió: «It does not matter how one defines the God behind the image, so long as it does not end up as a supernatural Caesar exacting taxes in the form of moral obligations»; y eso era justamente lo que lo que se hacía en ese chatroom.

De modo que me salí de ahí sin decir palabra, porque ¿quién iba a dar lugar ahí a una idea distinta de lo que tan fervorosamente se cultivaba entre cadena y cadena, entre petición y petición?