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Lo que quiero creer

Si algo aprendí con mi crisis de depresión y angustia es que: (1) la depresión miente —el miedo y la ansiedad también—, (2) si llevas la razón al extremo llegas al nihilismo, es decir, llegas a pensar que nada tiene sentido, es peligroso quedarse ahí y si quieres seguir la vía de la razón tienes que llevarla al extremo, de modo que ésta queda en entredicho y se ve la falsedad del nihilismo, (3) la depresión entra en juego con la mente, una y otra se retroalimentan —a mayor depresión, mayores pensamientos destructivos; a mayor cantidad y fuerza de los pensamientos destructivos, mayor depresión—, (4) mientras no llegues al resquebrajamiento de la razón o a la desarticulación de la subjetividad que se protege mediante el miedo la vía que queda es sobreponerte a la tendencia de la depresión y del nihilismo es el darle el sentido que quieras a tu vida.

De principio puede parecer ridículo llevarte a creer en algo a lo que tu depresión se opone, pero lo cierto es que es lo que crees a través…
Entradas recientes

Después de tres días de S19 M7.1

En tres días se ha mostrado México en sus esplendores y sus cánceres con los que parecía, hasta ahora (espero que sea hasta ahora), los mexicanos se habían acostumbrado a vivir.

En tres días se mostró que los dirigentes sólo sirven para las poses y los discursos inútiles, que la autoridad muchas veces sólo estorba, que las televisoras enfatizan el drama y crean cuentos para mantener a la gente entretenida, que la gente no piensa y sigue replicando lo que no le consta en un afán de ser parte de lo que sucede, que hay quien se dice ser víctima sin serlo, que los partidos políticos sólo actúan en su propio beneficio, que es una gran mentira que las constructoras sigan altos estándares de construcción, que al momento de tomar responsabilidad los involucrados se deslindan, que no se puede confiar ni en el gobierno ni en las televisoras ni en los fanáticos tuiteros ni en los propios ciudadanos que hambreados como buitres (al igual que los políticos) roban donaciones, que la gente no confía …

¿Qué debemos hacer?

"¿Qué debemos hacer?" Así empieza Cuadernos negros (1931-1938) de Heidegger seguido de otras preguntas que acentúan el carácter de esta primer pregunta: ¿Quiénes somos? ¿Por qué debemos ser? ¿Qué es lo ente? ¿Por qué sucede el ser? Esto es filosofar.

Para los grandes filósofos, hacer la pregunta correcta es lo importante porque es lo que conduce el pensamiento y en último caso la acción. Pero saber preguntar no es sólo cosa de filósofos, es cosa de todos si es que queremos plantearnos de frente y sin evasiones lo más digno de ser cuestionado: el sentido de nuestra existencia a partir del quedarnos sin apresuramiento en la cuestión de qué somos. Desde luego, debe ser claro para quien genuinamente se pregunta por qué debe hacer, que respuestas inmediatas de qué somos: por especie, género, edad, clase social y demás clasificaciones, no proporcionan ningún esclarecimiento existencial. Ninguna respuesta dada por ninguna autoridad en tema alguno debiera ser tomada como respuesta …

Mírame

"¡Mírame!" es el clamor de quien se siente sólo, muy solo, tan sólo que no sabe quién es porque ni siquiera ha aprendido a mirarse a sí mismo.
"Mírame" pide el alma y el yo va corriendo a gritarlo a los cuatro vientos. Entre más grita el yo, menos lo ven. Y cuando dejas que el yo se rinda y pare de pedir lo que él mismo no se puede dar, cuando te das cuenta de cuánto has hecho para que te volteen a ver y paras, recuperas energía y te das cuenta de ti como alguien que está aquí y que no le ha sido concedida la inmortalidad, de modo que dejas de ignorarte, te sientas a escucharte y comienzas a mirarte.
Nada ha pasado, las circunstancias siguen siendo prácticamente las mismas, pero la cotidianidad adquiere un sabor extra-especial y todo tiene un sentido especial simplemente porque está ahí y tu estás siendo testigo de como te llena ese estar del viento, del frío, del verde de la planta de la terraza, de la música que se esparce en todo lo que ves y vuelve cargada de …

La ley de la atracción

Sigamos con la idea del post anterior: el hombre está enfermo. ¿La prueba? Los números de las ventas de El Secreto y de los seguidores de Esther Hicks, además del consumismo ilimitado de los pudientes y también de los no pudientes. La gente no está satisfecha, la gente quiere lo que no tiene y lo quiere ya.

Los rituales de abundancia, las técnicas para aplicar la ley de la atracción, las ofertas de fin de temporada… todos buscan al hombre enfermo para quitarle lo que tiene a cambio de una ilusión: la satisfacción obtenida mediante algo que no eres tú.

El hombre enfermo busca en lugares lejanos (donde hay luz —léase publicidad, cientificismo, espiritualismo y todos los "ismos"—) lo que se encuentra cerca (donde hay oscuridad —léase en-sí-mismo—) ¿Tiene así este hombre alguna posibilidad de encontrar lo que busca? ¿Es que lo ha perdido o es que más bien lo ignora —porque no hay cosa más fácil de ignorar que lo que nos ha sido dado desde siempre—?

El hombre enfermo busca el am…

Esto es lo que hay

Esta es tu situación, esto es lo que hay. Quizá no te guste, quizá no sea suficiente o quizá, simplemente, estás tan acostumbrado en ir en pos de lo que no tienes que ni siquiera te detienes a ver lo que hay.

Quieres controlar, dominar. La situación en cambio te muestra que todo es mutable pero tú sólo lo interpretas como está todo por controlarse. El hombre está enfermo de control, ya sea que se torture buscando formas de poner todo bajo su dominio, ya sea que se diga que alguien más tiene que hacerlo porque él es sólo una víctima en el juego de los poderosos. El hombre enfermo toma partido y se casa con la idea de que lo escogido es lo que es él mismo.

Poder, voluntad, control, clarificación, dominio, seguridad, garantía, placer perpetuo, engrandecimiento, progreso, solución, fórmula, receta, procedimiento, conocimiento, supremacía, soberanía, razón, certeza… puras quimeras. Los juegos del ego en cualquier ámbito: ciencia, política, arte, espiritualidad… Y, desde luego, sus opuesto…

No sabes lo que tienes…

Nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido. ¿Cómo nos damos cuenta de lo que tenemos? Para el perdido hará falta una situación límite (de esas en que la vida está amenazada o el mundo en el que ésta está basada se ve peligrosamente alterado). Para el quejoso bastará con la suspensión temporal de su cotidianidad.

¿Pero es que tiene que ser doloroso? No, ahí está el modo de vida mindfulness. La cosa es que el hombre necio no cambia hasta que se ve obligado a hacerlo. Pero el individuo no es necio de manera gratuita, la colectividad le pone la mesa para que éste se sirva. 
¿Quién es el sensato de amar su vida y procurarla por el simple hecho de amarla, es decir, sin tener ninguna expectativa? ¿Quién es el claro de mente, el despierto, que se mira con los ojos bien abiertos y toma responsabilidad de sí mismo? ¿Quién es el iluminado que está consigo sin importar las circunstancias? ¿Quién es el valiente de experimentar para consigo el amor incondicional? Y no es que a la sociedad le …