sábado, noviembre 01, 2014

La eternidad en la perfección del momento

¿Cómo hemos llegado a percibir la eternidad? ¿La percibimos de manera negativa por lo que no es? Nada es eterno, ¿no es verdad? Todo pasa, absolutamente todo. Ni siquiera los recuerdos quedan fijos, también ellos van mutando tan imperceptiblemente que creemos que siguen fieles a su origen.

Lo que queda escrito parecería un poco más permanente, pero el lenguaje se actualiza y lo que comprendemos de él cambia. El mensaje se transforma con el lector. ¿Qué es eterno? ¿De dónde obtuvimos la idea? ¿De su opuesto, la infinitesimal brevedad?

Me quedo pensando, pero pensando no llego a nada. Entonces sucede, sentada en la banqueta de cualquier lugar llega el momento eterno, ese en el que no quieres estar en otro lado ni hacer nada más, el momento en que tus deseos se calman y verdaderamente sientes que no necesitas más nada. En ese momento eterno, todo está bien tal y como está y por breve que sea, alcanza uno a percibir la eternidad del cese del pendular en vida. La eternidad del momento perfecto es accesible desde la completa rendición y la integración de todas tus dimensiones: estás ahí y está bien así como está.

lunes, septiembre 29, 2014

Y ha llegado el momento

Cuando ya no es suficiente correr, cuando kilómetro tras kilómetro ya no trae más esa paz, es momento de cambiar.

5, 8, 10 K. El cuerpo entra en su propio ritmo, la conciencia le acompaña como observadora, se siente todo el cuerpo, se escucha el corazón, el aire se expande en los pulmones, se entrecierran los ojos y en activo se experimenta un estado meditativo. Acaba el ejercicio, se interrumpe el estado. Te recuperas y vuelve la conciencia a tomar el control, el espacio entre uno y otro estado es breve como va siendo tu capacidad de recuperación. Ya no es suficiente ese espacio que abre la carrera para estar sin otro propósito que estar. Hay que hacer algo. 

La lectura crítica te lleva a encontrar el innegable absurdo. El ejercicio te recuerda el cuerpo. La música te devuelve los sentimientos observados, pausados. El diseño te devuelve la esperanza que trae consigo lo bello. Y de pronto ya no es suficiente para tener ganas de estar. 

¿Por qué vivir? Ahora sé que la pregunta está de más. Creía que por la vida misma porque todo lo demás pasa, se acaba, te deja, se va. La vida por sí misma para el ser que piensa no es suficiente. La conciencia es un don con su respectivo costo. Hay que otorgar sentido. El sentido es uso y el uso repetido es un sentido que se enmohece, que se gasta. Nada es sostenible. Aquí no hay lugar para el descanso, hay que moverse. No es necesario ir a la luna, esa es una idea provocadora con gran capacidad de desencanto. 

Me quedé pensando, preguntándome hacia dónde quería ir. Me di cuenta que ya no sabía más, en términos generales podía describirme una tendencia. Los detalles se construyen según la vida va dando y a veces reparte fichas distintas al juego en la mano, pero hay que seguir jugando. Quien tenga fichas en la mano (vida) tiene la obligación de seguir jugando porque tal es el ejercicio de ser en el mundo. Hay que seguir siendo aquí y hay que seguir siendo con sentido propio. 

Moverse a cualquier lado es negar la conciencia de sí. Siempre hay que moverse desde uno mismo y para uno mismo. Desde "aquí" nace el cambio, "allá" es un lugar que no tenemos, caminamos desde "aquí". ¿Para dónde muevo el pie desde donde estoy?

Más clases, más libros, regreso a hábitos pasados... Esto no funciona, no funciona el más de lo mismo ni más de lo que solía hacer. ¿Cómo me re-encuentro sin recurrir a lo que ya sé? 

Prové lo que no había intentado antes dentro de mis gustos. Duele al principio. Igual seguí ese impulso de dentro que te anima sin decir palabra.  Cada quien puede reconfigurar sus significados sin hacer algo así como una reingeniería. Yo levanto un módico peso veinte veces por tres con cada parte de mi cuerpo y he vuelto a respirar y a mirarme como proyecto. Estoy decidida a nunca ser algo acabado. 

jueves, septiembre 11, 2014

Permiso de libertad

Hoy quiero darme permiso de cambiar mis sueños, los de toda la vida. Hoy quiero decirme que está bien renunciar a ellos porque ya no siento que sean lo que quiero.

Hoy no quiero nada más. Está perfecto lo que tengo hoy, me queda justo. Mañana, no sé, quizá me arrepienta por todas las cosas que no preví y por todas las cosas que dejé de hacer. De cualquier manera siempre lo hago, siempre encuentro que reprocharme en pos de la excelencia que sigo arrastrando, pese a que la detesto, como estigma. 

No sé del futuro, en realidad hace bastante tiempo que no hago planes. Aún así pensaba en los sueños cada vez más lejanos de mí y ello me causaba una gran ansiedad. Ya no más. Hoy me libero de ellos. Espero que la costumbre de pensar en ellos no los traiga de vuelta: es tan cansado perseguirlos. 

No sé si tenga sueños nuevos. No sé qué quiero para dentro de unos años. Hoy estoy bien así. 

martes, septiembre 09, 2014

Hoy voy a abandonar un libro

Él lleva años en mi casa, hubiera querido decir que conmigo pero nunca nos acercamos. Debo decir que lo intenté varias veces y en distintas circunstancias, pero en definitiva no estamos hechos el uno para el otro.

Nos cruzamos en el peor momento, de esos en los que alguien te interpreta y con su mejor intención piensa que la solución a tus problemas es un libro de autoayuda. Siempre te miran como se mirarían a ellos mismos.

Lo traigo aquí conmigo, fuera de la bolsa para irme despidiendo, en símbolo de mi indiferencia. Pero es un libro. 

He crecido con muchos libros y les tengo gran respeto y cariño. Agradezco cada vez que me encuentro en ellos. A sus autores los imagino en el Cielo felices por todo lo que me han dado. ¿Es que puede haber un libro malo?

En mi mundo perfecto de ilusión ingenua, no hay libros malos. Pero ese mundo no existe. Aquí, en el mundo de todos, se publican un montón de desencuentros literarios y se dejan muchos buenos trabajos de lado. Este es el lugar más absurdo que jamás haya imaginado. La imaginación no puede pensar en absurdos, tal idea es intolerable. Las fantasías siempre tiene un orden, un por qué. 

No sé si dejar el libro en el camión o en un salón de clases. No puedo tirarlo a la basura, no puedo. 

Ya está hecho. Lo he dejado sobre una máquina de café instantáneo, creo que se llevarán bien los dos insustanciales, farsantes. Lo he dejado libre, ya tengo espacio para un libro que sí me signifique. 

domingo, septiembre 07, 2014

Meg Rose Angel


Uno no sabe de este sentir hasta que no tiene una mascota, hasta que no comparte uno con ella momentos importantes, de esos momentos que voltean tu vida.

Uno no sabe que esperar cuando este particular ser entra en tu vida. No sabe, aunque lea historias, aunque escuche anécdotas, aunque sepa que ella vivirá probablemente menos. Uno no sabe nada, no puede saberlo, porque la experiencia es única en la vida. No hay razones que te salven de este sentir, no hay dónde esconderse. 

La existencia es un regalo enorme aunque muchas veces duela. 

Querer a una mascota es muy distinto a querer a una persona. No se trata de cercanías o de intensidades. Simplemente se siente distinto en el cuerpo. Te toma por entero muy a su manera para quedarse a vivir en ti. Se instala dentro tuyo suave y sigilosa, te ocupa por entero sin que sientas que toma nada de ti. Y cuando se va dejándote intacto el amor, sin palabras, sin súplicas, sin peticiones,... y parece increíble que ya no esté más, no hay culpa más sincera que sientas que esa que toma el lugar de ella por no haber deseado que se quedara aunque su cuerpo ya le fuera todo un lastre. 

Nunca se viven suficientes muertes, nunca se está preparado. Cada vez el avistamiento de la nada te arrebata los sentidos.  

Ahora entiendo la necesidad religiosa del cielo. Una persona te ofrece palabras, te puedes despedir, es más fácil recordarle por cuanto puedes referirte a ella desde el pensamiento. Una mascota, por el contrario, es toda sentimientos, es toda ella una experiencia sensorial, sin diálogos explícitos, de comunicación interior que te arraiga y luego te suelta de una para que vueles. 

Ella no me define ante los otros, ella no le da sentido a mi vida. Ella estuvo sólo aquí para compartirse y para demandar mi atención, para sacarme de la cama, para levantarme del sillón, para hacer que volviera temprano a casa y todo a través de sus ojos y su presencia fuerte. 

Ojalá esté corriendo en una pradera de pasto suave y verde brillante, entre mariposas y cercas para brincar. Ojalá el cielo lo compartamos todos y haya estado ahí mi papá para recibirla.