La transitoriedad, un préstamo de Freud
Desde el momento en el que me enteré de este breve texto de Freud, no ha cesado de reaparecer en mi mente. Supongo que algo no he podido procesar del todo. Bueno, ¿hay alguien que tenga muy entendido el tema de la transitoriedad, aka la muerte?
Voy a morir un día, eso lo tengo bien claro aunque no del todo asumido, aceptado. Voy a morir, escribo repetidamente en mi journal. Pero la verdad no conjura lo oscuro detrás de semejante afirmación.
Así que aquí voy, leeré de nuevo "La transitoriedad" y escribiré en el acto…
Es cierto, me preocupa que todo lo que ven ahora mis ojos, está destinado a desaparecer: el limón de mi jardín, la casa que descansa delante de él, mis libros (muchos sin haber sido leídos), mis memorias, mis journals, la planta colgante en la cocina, la tierna toronja que conocí desde que era una semilla de un fruto que que cena de mi madre. Todo, sin excepción, está destinado a desparecer. ¡Cuánto de mi vida ya se lo ha llevado el olvido!
Mi pasado olvidado, ¿carece de valor? Quizá el que miente con ello al pasado y al olvido resulte en una cualidad reiterada de nada. ¿Es esto posible? Y entonces, ¿nada de esto tiene sentido porque absolutamente todo desaparecerá? Mis tristezas y mis alegrías, por igual, desaparecerán cuando yo desaparezca del todo. Morir es un proceso lento, pero seguro.
¡No, es imposible que todas esas excelencias de la naturaleza y del arte, el mundo de nuestras sensaciones y el mundo exterior, estén destinados a perderse realmente en la nada! Sería demasiado disparatado e impío creerlo. Tienen que poder perdurar de alguna manera, sustraerse de todas las influencias destructoras.
[…] También lo doloroso puede ser verdadero.
Lo más breve, como la inhalación que acabo de realizar, no es por ello lo de menos valor. Las montañas, en su prolongada existencia no tienen más valor que el parpadeo involuntario de mis ojos. No puedo reducir al sinsentido lo que no puedo comprender, ni medirlo todo con la misma regla. La razón a veces hace eso, tratar todo por lo mismo: "si todo se va a ir al carajo, ¿qué sentido tiene esforzarme?".
Dice Freud que el valor de lo transitorio es precisamente el de la escasez en el tiempo. El espacio temporal en el que habitamos, está poblado por distintas longitudes de existencia en el tiempo. (Curioso mirar el tiempo como espacio. Nos servimos del espacio para comprender el tiempo.) La hermosura de la juventud, sin somos afortunados (o no) la veremos pasar y descubriremos algo nuevo… y habremos de aprender a relacionarnos con el cuerpo es su nueva forma de ser: la vejez. Somos una flor que abre una única vez.
El dolor del duelo afecta nuestra comprensión de la transitoriedad. Perder lo amado nos deja heridas profundas si no logramos relacionarnos con ello en plenitud y consideramos que quedó algo pendiente, algo no aprovechado o no comprendido. La pérdida nos deja libres para amar algo más, pero nos aferramos y no queremos abandonar lo perdido. Pero también el duelo es transitorio y un día expirará.
Mientras tenemos vida, podemos reconstruir nuestro entramado de afectividades. Por nuestro bien, amaremos de nuevo, aprenderemos a valorar lo nuevo; porque no hacerlo nos deja pobres de espíritu. La vida es posibilidad de relacionarse, no podemos renunciar a ello por protegernos del dolor de perderlo.
Hasta aquí termina el texto de Freud. Falta abordar la propia muerte. ¿No es la muerte un proceso de despedidas?



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