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Esto desde luego no es una novela

Entro en una librería porque quiero llenarme de ese algo que me brota cuando veo libros y los ojeo y leo palabras al azar y pienso que hay algo ahí, aunque no sé qué es.

Muchos libros nuevos, muchos muchísimos que no leeré. Efectivamente, elegir alguno es abandonar cientos. Es azar, es destino. ¡Qué diablos! No sé. 

Tomo uno con título sugerente de entro los recomendados por los libreros. Murakami fue librero, Hesse fue librero… creo. Seguro estos de aquí han de leer mucho. Empiezo por el final, donde aparece la foto de la autora que de tan joven que es siento un golpe de dentro hacia afuera. Se supone que escribiría un libro y no es tan fácil. Pero esta autora, dice en la solapa, escribe en el Metrobus y otros lugares similares. Me duele el orgullo tanto que me pongo a escribir esto en medio de la librería. ¡Qué diablos!

Me gustaría decir que con ser lectora me basta y me sobra. No es así. Yo quiero escribir. Y escribo. No escribo novelas, bloggeo sin ser una bloggera porque para eso se necesitan muchos seguidores. No sé. Quizá si escribiera más de la vida práctica y menos de esto que escribo que no sé qué es. Y es que me choca tener que decidirme por un género, por un campo de conocimiento. Vaya, que uno escribe y ya. ¡Qué diablos!

Me pierdo entre los estantes que mezclan todo tipo de autores: Coelho justo al lado de J. M. Coetzee. En este estante bien podría estar Coss… Sueños, ¿qué haríamos sin ellos? No todos los publicados deberían escribir, se cuelan unos y se olvidan cientos. En este mundo somos tantos que de los pocos que recordamos, olvidamos mucho más que cientos. Me pregunto si es tan imprescindible ser recordado o podría bastarnos con haber disfrutado la vida tal y como se da. Creo que lo último sería lo más sensato. 

Me voy por un café y a pensar entre libros un rato, otro pensar distinto al de todos los días. Voy a soñar. 

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¿Qué debemos hacer?

"¿Qué debemos hacer?" Así empieza Cuadernos negros (1931-1938) de Heidegger seguido de otras preguntas que acentúan el carácter de esta primer pregunta: ¿Quiénes somos? ¿Por qué debemos ser? ¿Qué es lo ente? ¿Por qué sucede el ser? Esto es filosofar.

Para los grandes filósofos, hacer la pregunta correcta es lo importante porque es lo que conduce el pensamiento y en último caso la acción. Pero saber preguntar no es sólo cosa de filósofos, es cosa de todos si es que queremos plantearnos de frente y sin evasiones lo más digno de ser cuestionado: el sentido de nuestra existencia a partir del quedarnos sin apresuramiento en la cuestión de qué somos. Desde luego, debe ser claro para quien genuinamente se pregunta por qué debe hacer, que respuestas inmediatas de qué somos: por especie, género, edad, clase social y demás clasificaciones, no proporcionan ningún esclarecimiento existencial. Ninguna respuesta dada por ninguna autoridad en tema alguno debiera ser tomada como respuesta …

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