Ir al contenido principal

Dicen que los ojos...

He oído hablar mucho sobre los ojos, he leído otro tanto, y cada que me encuentro algo sobre ellos, volteo hacia ningún lado y de pensar en tantas cosas más bien parece que no pienso en nada.

Dicen que los ojos de uno son iguales a los de todo el mundo. Yo no he visto tantos ojos y no creo que me alcance la vida para ver algún porcentaje significativo. Dicen que los ojos son iguales tanto como dicen que todos somos iguales, pero creo que se equivocan.

Ojos hay de distintas formas, pero eso no es lo que pienso. No, me fijo en las formas pero aquí adentro no me mueven en lo más mínimo. Miro y quiero que mis ojos vayan más allá de las formas, me pregunto si será pedirles mucho.

Miro, como tú miras, como él mira. Y no vemos lo mismo aunque los ojos sirvan para lo mismo y apuntemos todos en la misma dirección. Pero no pienso en eso, la perspectiva, aunque importante, no me mueve aquí adentro. Nuestros cerebros tienen distinta información y deducen cosas distintas. Y en eso no pienso cuando de ojos se trata.

He hecho labor de observación con mis propios ojos y no siempre se ven igual. Lejos de si estoy cansada o he dormido mucho o si se me enaguan, ahí adentro parece que algo a cambiado y miran distinto.

Pocos ojos se dejan ver como miro a los míos. Algunos parecen cerrados como si detrás de ellos hubieran colgado cortinas. Una vez vi unos que pararon el tiempo, dentro de ellos parecía que alguien volaba y como luz se expandía dentro de los míos. Han habido ocasiones en que lo que veo en los ojos parece no concordar con el resto del cuerpo y me quedo en gran desconcierto y no sé que sentir. A veces no miro a los ojos como me gusta porque no quiero ver y luego no saber que hacer con lo que veo. Soy cobarde. Pero cuando veo, busco y busco, a veces encuentro, a veces no encuentro... me duele cuando no.

Creo que cuando alguien dice que los ojos son iguales a los de todos o cuando uno no sabe como mira él o como mira ella, es que en realidad no quiere descubrirse uno mismo.

Mi problema es que hay muchos ojos acortinados. Me da mucha pena porque es como si fueran obras de arte censuradas, como galerías vedadas.

En realidad no sé que es lo que veo. Ojalá algún día pueda ver lo suficiente en unos para describir lo que siento aquí adentro.

Entradas populares de este blog

Qué chulada de maíz pinto

Crecí oyendo a mi papá decir con enjundia "¡Qué chulada de maíz pinto!" cuando le veía las piernas a mi mamá y después se las estrujaba con las mega-manotas que Dios le dio.

Hasta hace poco no tenía una clara idea de lo hermoso que es el maíz azul (con el que hacen las tortillas azules que saben a gloria) hasta que de golpe lo vi en el mercado de Xochimilco, esta foto no me dejará mentir, su belleza es asombrosa.

No sólo los seres mueren

Aunque bien es de todos conocido que todo aquello dotado de vida e individualidad cuál célula autocontenida, dígase hombres, animales, plantas, organismos… mueren, y que sólo los hombres se enfrentan a su muerte con antelación como la más temida e ineludible de las profecías, pocos experimentan, como tal, la posibilidad.

No se necesita haber estado cerca de perder la vida para tener experiencia de tal posibilidad. Es más, ni siquiera este tipo de experiencias logran arrancar a todos del "pero todavía yo no" que funciona de tabla de salvación. 
Pero no sólo mueren los individuos. También mueren las relaciones, los placeres, los contextos, las ideas, los estados políticos y sociales… vaya, las situaciones sobre las que uno se experimenta como uno mismo. Somos en situación. Nos definimos por la situación en la que nos queremos encontrar, la situaciones en las que hemos estado y la situación en la que nos encontramos. Y todas ellas mueren. 
Nada permanece. Nada. 
La vida se nos…

El arte de no tener prisa

No hay nada en este mundo de hoy que nos persuada de no tener prisa, al contrario, aquí no hay tiempo para nada, todo ya va tarde y lo más importante: estamos a un paso de la muerte.

Vivimos en un estado de aceleramiento que ha probado no llevarnos a ningún lado. Todas las decisiones apresuradas no hacen sino robarnos el tiempo bajo la aparente eficacia de quién ya siempre está puesto en marcha sin una evaluación detenida de dónde está y que es lo que realmente quiere. 
Las decisiones apresuradas no sólo nos quitan el presente, también nos roban el futuro al llevarnos a situaciones caóticas que sólo lucieron razonables en los dos minutos que les dedicamos a pensarlas. Decidimos con base en nuestras angustias, pero peor todavía, decidimos basándonos en lo que debiéramos hacer para mantener en desarrollo el estado en el que nos vemos más deseables, más exitosos. Dicho de otra manera, decidimos con base en las apariencias y no de acuerdo a nuestras circunstancias. Decidimos como si tuvi…