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Corriendo en la Malinche

En la vida hay que tomar decisiones. Todo el tiempo, una tras otra. Las más de las veces no se puede detener uno a pensarlo mucho, pero cuando son decisiones importantes lo mejor es no apresurarse.

12:00 y el sol quemándonos en Tlaxcala. Vamos a la Malinche a caminar. La propuesta estaba en la mesa y de inmediato se requería el sí o el no. Sí, dije y corrí por mis tenis.

Me llevaron a las faldas y me preguntaron que cuánto iba a correr. –¿Cómo? yo no me lo esperaba, pero si hace mucho calor– todo eso pensé pero en realidad tenía dos opciones: correr o no correr, y había que decidirlo ya porque ya estaban abriendo las puertas de la camioneta. ¡Válgame! pues correr, no todos los días se puede correr en una montaña entre piedras con subidas y bajadas.

Y ahí voy de subida, qué pesado Dios. Veinte minutos y ya me pedían que me regresara (han de saber que me venían escoltando en camioneta), siguiente decisión, me trepo a la camioneta o me voy corriendo de bajada. Pues ahí voy de bajada a todo lo que da, sintiendo el viento refrescarme las mejillas, esquivando las piedras y tratando de no resbalarme con la terracería hecha de pedacería de pisos de cerámica. Me dolía el vientre de tanto apretar para no perder el control. 8km en mi mejor tiempo y con la milla registrada más rápida. —Qué bien estuvo para no estar preparada, —me dije.

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