Escribiendo al despertar


Lo primero que pensé esta mañana al despertar fue que no tengo ninguna respuesta; así, en general, me alberga esta sensación que traduzco como un no sé nada.

Llevo este blog desde 2008. Me he dado cuenta que las etiquetas que he usado no me ayudan en lo absoluto para hacerme una idea general de mis tendencias. Decidí re-etiquetar todos las entradas. El resultado es que me he estado leyendo y me encuentro a veces ajena a esa otra yo, mientras que otras veces me siento tan en el mismo lugar que me desespero.

Cuando vengo a escribir acá lo hago por impulso, siguiendo la inspiración que me provoca una idea o un momento. Me doy cuenta ahora a veces no escribo sobre el contexto, que no me explico lo suficiente. Sé que si lo hiciera, ahora no me sentiría tan molesta conmigo misma de encontrarme ante textos que me resultan extraños. Pero, si me detuviera a explicarme en el momento, es probable que hubiera abortado la escritura varias veces.

¿Para quién escribo?

A veces me imagino que, mientras escribo, estoy hablando con alguien que no me conoce. Otras veces sólo quiero ponerle palabras a lo que estoy sintiendo. Creo que en el fondo quiero darme, dejarme entre lo que va saliendo.

Ahora que me he estado leyendo, dudo de que esto sirva de nada. Creo que cuando escribo menos reflexivo me siento más a gusto con lo que me encuentro.

También escribo para mí. Como ahorita. Para dejar una huella datada.

Es muy probable que siga con los mismos cuestionamientos toda la vida, que revisite las mismas piedras de un camino que es circular. Me espanta que en realidad no vaya a ningún lado, que orbite como hace la Tierra.

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