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La eternidad en la perfección del momento

¿Cómo hemos llegado a percibir la eternidad? ¿La percibimos de manera negativa por lo que no es? Nada es eterno, ¿no es verdad? Todo pasa, absolutamente todo. Ni siquiera los recuerdos quedan fijos, también ellos van mutando tan imperceptiblemente que creemos que siguen fieles a su origen.

Lo que queda escrito parecería un poco más permanente, pero el lenguaje se actualiza y lo que comprendemos de él cambia. El mensaje se transforma con el lector. ¿Qué es eterno? ¿De dónde obtuvimos la idea? ¿De su opuesto, la infinitesimal brevedad?

Me quedo pensando, pero pensando no llego a nada. Entonces sucede, sentada en la banqueta de cualquier lugar llega el momento eterno, ese en el que no quieres estar en otro lado ni hacer nada más, el momento en que tus deseos se calman y verdaderamente sientes que no necesitas más nada. En ese momento eterno, todo está bien tal y como está y por breve que sea, alcanza uno a percibir la eternidad del cese del pendular en vida. La eternidad del momento perfecto es accesible desde la completa rendición y la integración de todas tus dimensiones: estás ahí y está bien así como está.

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¿Qué debemos hacer?

"¿Qué debemos hacer?" Así empieza Cuadernos negros (1931-1938) de Heidegger seguido de otras preguntas que acentúan el carácter de esta primer pregunta: ¿Quiénes somos? ¿Por qué debemos ser? ¿Qué es lo ente? ¿Por qué sucede el ser? Esto es filosofar.

Para los grandes filósofos, hacer la pregunta correcta es lo importante porque es lo que conduce el pensamiento y en último caso la acción. Pero saber preguntar no es sólo cosa de filósofos, es cosa de todos si es que queremos plantearnos de frente y sin evasiones lo más digno de ser cuestionado: el sentido de nuestra existencia a partir del quedarnos sin apresuramiento en la cuestión de qué somos. Desde luego, debe ser claro para quien genuinamente se pregunta por qué debe hacer, que respuestas inmediatas de qué somos: por especie, género, edad, clase social y demás clasificaciones, no proporcionan ningún esclarecimiento existencial. Ninguna respuesta dada por ninguna autoridad en tema alguno debiera ser tomada como respuesta …

Qué chulada de maíz pinto

Crecí oyendo a mi papá decir con enjundia "¡Qué chulada de maíz pinto!" cuando le veía las piernas a mi mamá y después se las estrujaba con las mega-manotas que Dios le dio.

Hasta hace poco no tenía una clara idea de lo hermoso que es el maíz azul (con el que hacen las tortillas azules que saben a gloria) hasta que de golpe lo vi en el mercado de Xochimilco, esta foto no me dejará mentir, su belleza es asombrosa.

No sólo los seres mueren

Aunque bien es de todos conocido que todo aquello dotado de vida e individualidad cuál célula autocontenida, dígase hombres, animales, plantas, organismos… mueren, y que sólo los hombres se enfrentan a su muerte con antelación como la más temida e ineludible de las profecías, pocos experimentan, como tal, la posibilidad.

No se necesita haber estado cerca de perder la vida para tener experiencia de tal posibilidad. Es más, ni siquiera este tipo de experiencias logran arrancar a todos del "pero todavía yo no" que funciona de tabla de salvación. 
Pero no sólo mueren los individuos. También mueren las relaciones, los placeres, los contextos, las ideas, los estados políticos y sociales… vaya, las situaciones sobre las que uno se experimenta como uno mismo. Somos en situación. Nos definimos por la situación en la que nos queremos encontrar, la situaciones en las que hemos estado y la situación en la que nos encontramos. Y todas ellas mueren. 
Nada permanece. Nada. 
La vida se nos…