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Mi fe

Tengo fe, sólo que no la comparto y no sé por qué. 

Será que cada vez que alguien me comparte la suya, me alejo de ella como si fuera a contagiarme de algo incurable que me apartaría para siempre de mí. 

¿Para qué compartir mis creencias si jamás alguien distinto de yo misma podría entender de dónde viene mi fe? La fe es parte de la condición humana pero su elaboración es estrictamente personal e intransferible. Hablar de mi fe es como contar un cuento en el que puedes, o no, entretenerte y que después deberías olvidar. Construir a partir de lo que dice otro es construir sobre el vacío, baste decir que no hay fundamento compartido, tan sólo similitudes. 

¿A qué me parezco? A aquellos que hablan con ángeles y luego son incapaces de hablar sobre ellos con seguridad de su existencia porque en realidad no hay nada que pueda compartir como una certeza salvo un "a mí me parece que están ahí". No hay sentencia más frágil que esa.

Cuando me siento mal y los invoco y luego-luego me siento bien, llega a mí una especie de paz. Y doy gracias. No hay nada de ignorancia en esto, sólo una especie de soberbia que llega después que el vaivén de la vida me vuelve a llevar lejos de lo incondicional. 

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