Ir al contenido principal

Las colonias de la Ciudad de México

Últimamente me ha entrado la nostalgia por la colonia en la que crecí. A veces los olores o los sonidos que ocasionalmente ocurren en donde ahora vivo me llevan allá que parece muy lejos aunque estén en la misma zona de la ciudad.

El ruido de los coches a lo lejos, las voces de los vecinos, los perros que ladran, los pájaros que me acompañan mientras despierto, me hacen sentir "de vuelta en casa". Una especie de seguridad me reconforta y me pongo a mirar el techo, como lo hacía de niña, imaginando que se transforma en el piso.  Supongo que hay cosas que nunca se van de ti, que marcan tus peculiaridades, tus datos curiosos, el sabor que le das al rumbo que tomas. 

En dónde vivo ahora ya no hay parques donde leer o columpiarse, ya no oigo el grupo de salsa practicando por las tardes, ya no hay panadería en la esquina, ya no puedo gritarles a mis abuelitos desde mi ventana. A cambio se ha ido también el miedo a los temblores, los perros que no me dejaban pasar y el miedo a la noche. Ahora tengo dos perros, los dos primeros de mi vida y quizá sean los dos últimos. Me pone un poco triste que ya no huela a galletas, pero poco a poco se va convirtiendo en mi hogar, quiero decir, poco a poco voy reconociendo sus particularidades: su frío y su humedad un tanto evidentes, el polvo persistente y su gusto a pueblo. 

La Ciudad de México tiene muchos perfiles, incluso los tiene cada delegación. Es una ciudad complicada, de muchas costumbres que entre colonias no se comparten y que pierdes cuando te mudas, como si te fueras a otro país. 

Mi vida ha ido cambiando mucho en sus formas. Me parece bien no por resignación, sino por descanso. Ya no tengo miedo aunque tampoco tengo certezas ni costumbres. 

¿Por qué la nostalgia? No sé. Quizá mañana lo descubra. 

Entradas populares de este blog

Qué chulada de maíz pinto

Crecí oyendo a mi papá decir con enjundia "¡Qué chulada de maíz pinto!" cuando le veía las piernas a mi mamá y después se las estrujaba con las mega-manotas que Dios le dio.

Hasta hace poco no tenía una clara idea de lo hermoso que es el maíz azul (con el que hacen las tortillas azules que saben a gloria) hasta que de golpe lo vi en el mercado de Xochimilco, esta foto no me dejará mentir, su belleza es asombrosa.

No sólo los seres mueren

Aunque bien es de todos conocido que todo aquello dotado de vida e individualidad cuál célula autocontenida, dígase hombres, animales, plantas, organismos… mueren, y que sólo los hombres se enfrentan a su muerte con antelación como la más temida e ineludible de las profecías, pocos experimentan, como tal, la posibilidad.

No se necesita haber estado cerca de perder la vida para tener experiencia de tal posibilidad. Es más, ni siquiera este tipo de experiencias logran arrancar a todos del "pero todavía yo no" que funciona de tabla de salvación. 
Pero no sólo mueren los individuos. También mueren las relaciones, los placeres, los contextos, las ideas, los estados políticos y sociales… vaya, las situaciones sobre las que uno se experimenta como uno mismo. Somos en situación. Nos definimos por la situación en la que nos queremos encontrar, la situaciones en las que hemos estado y la situación en la que nos encontramos. Y todas ellas mueren. 
Nada permanece. Nada. 
La vida se nos…

El arte de no tener prisa

No hay nada en este mundo de hoy que nos persuada de no tener prisa, al contrario, aquí no hay tiempo para nada, todo ya va tarde y lo más importante: estamos a un paso de la muerte.

Vivimos en un estado de aceleramiento que ha probado no llevarnos a ningún lado. Todas las decisiones apresuradas no hacen sino robarnos el tiempo bajo la aparente eficacia de quién ya siempre está puesto en marcha sin una evaluación detenida de dónde está y que es lo que realmente quiere. 
Las decisiones apresuradas no sólo nos quitan el presente, también nos roban el futuro al llevarnos a situaciones caóticas que sólo lucieron razonables en los dos minutos que les dedicamos a pensarlas. Decidimos con base en nuestras angustias, pero peor todavía, decidimos basándonos en lo que debiéramos hacer para mantener en desarrollo el estado en el que nos vemos más deseables, más exitosos. Dicho de otra manera, decidimos con base en las apariencias y no de acuerdo a nuestras circunstancias. Decidimos como si tuvi…