Ir al contenido principal

De descanso

Últimamente me he sentido como sí "mi batería" se drenara espontáneamente. A veces ha sucedido en varios días consecutivos al punto de que mi humor cambiara de desinterés a molestia. Supongo que todos tenemos ciclos y la mayor parte del tiempo no nos damos cuenta, quiero decir, pasamos de un ciclo a otro con la mente puesta en otro lado: las tareas pendientes, las vacaciones que quisiéramos tomar, la ropa que nos falta, las relaciones a punto de romperse, los sueños perdidos... en fin, siempre hay algo que falta o que sobra. Parece que ahora me pongo más atención.

Estoy aprovechando que mi energía anda en nivel óptimo, para escribir un poco aún cuando no siento el impulso insostenible que a veces me arroja al teclado.

Si estuviéramos cara a cara, en tiempo real, ya habríamos pasado varios momentos, desde que comencé a escribir este post, mirándonos sin decir nada, habríamos compartido varios silencios incómodos porque uno no puede estar simplemente en silencio y menos con alguien enfrente mirándole a la cara. Quizá no hubiéramos pasado más de uno de esos lapsus juntos.

Hoy estoy dispuesta a "faire la grasse-matinée" (expresión francesa lindísima que engloba quedarse en cama a desayunar y leer, con un estado de ánimo placentero, despreocupado e indulgente). No siempre se puede, pero cuando se puede no hay que negarse el placer. Los días de asueto no son sólo para hacer todos los pendientes, también los podemos usar para descansar.

Ha estado rondándome la idea de que cuando uno hace algo con amor, es como sí uno encapsulara en ese hacer el amor mismo para luego ser desencapsulado por otro. El amor no se puede ocultar, ni perder, ni difuminar. Cocinas con amor, el estómago que recibe lo que preparaste siente amor. No hablo de que hagas algo por amor a alguien más, sino que amas lo que haces y disfrutas mientras lo haces.

¿Han visto la cara de un músico que se entrega en cuerpo y alma a una pieza musical? ¿Han oído la voz que tiembla de emoción cuando un escritor lee y revive lo que antes escribió? ¿Han visto los ojos de quien te recibe en el alma? Claro, claro, para darse cuenta necesitan amar el estar ahí y entregarse al instante por completo.

Entradas populares de este blog

Qué chulada de maíz pinto

Crecí oyendo a mi papá decir con enjundia "¡Qué chulada de maíz pinto!" cuando le veía las piernas a mi mamá y después se las estrujaba con las mega-manotas que Dios le dio.

Hasta hace poco no tenía una clara idea de lo hermoso que es el maíz azul (con el que hacen las tortillas azules que saben a gloria) hasta que de golpe lo vi en el mercado de Xochimilco, esta foto no me dejará mentir, su belleza es asombrosa.

No sólo los seres mueren

Aunque bien es de todos conocido que todo aquello dotado de vida e individualidad cuál célula autocontenida, dígase hombres, animales, plantas, organismos… mueren, y que sólo los hombres se enfrentan a su muerte con antelación como la más temida e ineludible de las profecías, pocos experimentan, como tal, la posibilidad.

No se necesita haber estado cerca de perder la vida para tener experiencia de tal posibilidad. Es más, ni siquiera este tipo de experiencias logran arrancar a todos del "pero todavía yo no" que funciona de tabla de salvación. 
Pero no sólo mueren los individuos. También mueren las relaciones, los placeres, los contextos, las ideas, los estados políticos y sociales… vaya, las situaciones sobre las que uno se experimenta como uno mismo. Somos en situación. Nos definimos por la situación en la que nos queremos encontrar, la situaciones en las que hemos estado y la situación en la que nos encontramos. Y todas ellas mueren. 
Nada permanece. Nada. 
La vida se nos…

El arte de no tener prisa

No hay nada en este mundo de hoy que nos persuada de no tener prisa, al contrario, aquí no hay tiempo para nada, todo ya va tarde y lo más importante: estamos a un paso de la muerte.

Vivimos en un estado de aceleramiento que ha probado no llevarnos a ningún lado. Todas las decisiones apresuradas no hacen sino robarnos el tiempo bajo la aparente eficacia de quién ya siempre está puesto en marcha sin una evaluación detenida de dónde está y que es lo que realmente quiere. 
Las decisiones apresuradas no sólo nos quitan el presente, también nos roban el futuro al llevarnos a situaciones caóticas que sólo lucieron razonables en los dos minutos que les dedicamos a pensarlas. Decidimos con base en nuestras angustias, pero peor todavía, decidimos basándonos en lo que debiéramos hacer para mantener en desarrollo el estado en el que nos vemos más deseables, más exitosos. Dicho de otra manera, decidimos con base en las apariencias y no de acuerdo a nuestras circunstancias. Decidimos como si tuvi…