Ir al contenido principal

De descanso

Últimamente me he sentido como sí "mi batería" se drenara espontáneamente. A veces ha sucedido en varios días consecutivos al punto de que mi humor cambiara de desinterés a molestia. Supongo que todos tenemos ciclos y la mayor parte del tiempo no nos damos cuenta, quiero decir, pasamos de un ciclo a otro con la mente puesta en otro lado: las tareas pendientes, las vacaciones que quisiéramos tomar, la ropa que nos falta, las relaciones a punto de romperse, los sueños perdidos... en fin, siempre hay algo que falta o que sobra. Parece que ahora me pongo más atención.

Estoy aprovechando que mi energía anda en nivel óptimo, para escribir un poco aún cuando no siento el impulso insostenible que a veces me arroja al teclado.

Si estuviéramos cara a cara, en tiempo real, ya habríamos pasado varios momentos, desde que comencé a escribir este post, mirándonos sin decir nada, habríamos compartido varios silencios incómodos porque uno no puede estar simplemente en silencio y menos con alguien enfrente mirándole a la cara. Quizá no hubiéramos pasado más de uno de esos lapsus juntos.

Hoy estoy dispuesta a "faire la grasse-matinée" (expresión francesa lindísima que engloba quedarse en cama a desayunar y leer, con un estado de ánimo placentero, despreocupado e indulgente). No siempre se puede, pero cuando se puede no hay que negarse el placer. Los días de asueto no son sólo para hacer todos los pendientes, también los podemos usar para descansar.

Ha estado rondándome la idea de que cuando uno hace algo con amor, es como sí uno encapsulara en ese hacer el amor mismo para luego ser desencapsulado por otro. El amor no se puede ocultar, ni perder, ni difuminar. Cocinas con amor, el estómago que recibe lo que preparaste siente amor. No hablo de que hagas algo por amor a alguien más, sino que amas lo que haces y disfrutas mientras lo haces.

¿Han visto la cara de un músico que se entrega en cuerpo y alma a una pieza musical? ¿Han oído la voz que tiembla de emoción cuando un escritor lee y revive lo que antes escribió? ¿Han visto los ojos de quien te recibe en el alma? Claro, claro, para darse cuenta necesitan amar el estar ahí y entregarse al instante por completo.

Entradas populares de este blog

¿Qué debemos hacer?

"¿Qué debemos hacer?" Así empieza Cuadernos negros (1931-1938) de Heidegger seguido de otras preguntas que acentúan el carácter de esta primer pregunta: ¿Quiénes somos? ¿Por qué debemos ser? ¿Qué es lo ente? ¿Por qué sucede el ser? Esto es filosofar.

Para los grandes filósofos, hacer la pregunta correcta es lo importante porque es lo que conduce el pensamiento y en último caso la acción. Pero saber preguntar no es sólo cosa de filósofos, es cosa de todos si es que queremos plantearnos de frente y sin evasiones lo más digno de ser cuestionado: el sentido de nuestra existencia a partir del quedarnos sin apresuramiento en la cuestión de qué somos. Desde luego, debe ser claro para quien genuinamente se pregunta por qué debe hacer, que respuestas inmediatas de qué somos: por especie, género, edad, clase social y demás clasificaciones, no proporcionan ningún esclarecimiento existencial. Ninguna respuesta dada por ninguna autoridad en tema alguno debiera ser tomada como respuesta …

Qué chulada de maíz pinto

Crecí oyendo a mi papá decir con enjundia "¡Qué chulada de maíz pinto!" cuando le veía las piernas a mi mamá y después se las estrujaba con las mega-manotas que Dios le dio.

Hasta hace poco no tenía una clara idea de lo hermoso que es el maíz azul (con el que hacen las tortillas azules que saben a gloria) hasta que de golpe lo vi en el mercado de Xochimilco, esta foto no me dejará mentir, su belleza es asombrosa.

Cuando pase el temblor

Tengo “miedo” de que pase el temblor.

He tenido la oportunidad de haber experimentado dos grandes desastres en la Ciudad de México: 1985 y 2017. Con ellos, sus “antes”, sus “durante” y sus “después”. Del “después” del 2017 aún me falta por saber, pero si es un “después” como el de 1985 no quiero que pase el temblor. 
La soberbia y la indiferencia se cultivan en el “antes”. El hombre que se siente dueño de su destino se vive completamente, paradójicamente, a merced de tal destino. El hombre en el “antes” cree que no hay nada que temer y que no hay nada que no pueda conocer; pero este hombre no conoce la humildad. En la ilusión que le hace creer que es dueño de sí, se olvida de sí mismo en sus ocupaciones, en su ajetreada cotidianidad: no hay tiempo para nada más que el repetir una y otra vez su acostumbrado hacer. 
Así que estaba yo observando una mañana de domingo de 1985 mi vecindad y era como si todos estuvieran des-almados. Entonces pensé qué se necesitaría para traerlos a todos d…