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El principio antagónico


Hay, en el hombre, un principio antagónico que puede comprenderse como dos modalidades: being-mode y doing-mode. Estas dos modalidades constituyentes han sido mencionadas en diversos textos filosóficos, de ciencias cognitivas e incluso literario-mitológicos como el Popol-Vuh.

Ellas, se han privilegiado en una suerte de ley pendular. De hecho, se han llegado a considerar como dos ojos que deben ser usados alternadamente para "ver" al mundo de una u otra manera, pero, ¿es posible la irrupción de una mirada en la otra como posibilidad de una nueva dimensión?

Ser agente o paciente, luz o sombra, análisis o síntesis, reflexión o experimentación... alternadamente provee tanto movimiento como zozobra, angustia. ¿Es la elección de una u otra seguir privilegiando la acción? ¿Por qué no ambas: mirar de una forma sin olvidar la otra?

La siguiente cita la tomé de George Steiner en Después de Babel para usarla como imagen a manera de respuesta tentativa:

«Sólo desafiando la autonomía divina, invadiendo el "espacio de los dioses", puede el hombre realizar su potencial de trascendencia, y obligar a los dioses a observar y consumar sus ambiguas semejanzas con el orden de los mortales.»

Sólo trayendo a los dioses al "espacio de los hombres", desafiando a la lógica, puede el hombre realizar su potencial de trascendencia, y obligar a la ilusión de lo aparente a distanciarse y consumar sus ambiguas semejanzas con el orden de los dioses.


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