Cada felicidad tiene su precio

Parece ser que no hay felicidad gratis. Lo que llega a tu vida sin esfuerzo, más aún, lo que ha estado siempre contigo, como la vida misma, lo pierdes de vista. No hay valor más grande que aquel que otorgas a aquello que satisface una necesidad y por el cual te has esforzado. Sin embargo, ello no quiere decir que sólo lo que cuesta es lo que vale, simplemente significa que es lo único de lo que fácilmente nos damos cuenta.

Nuestra agonía es causada por la vista puesta en la carencia. La carencia nos motiva, nos hace más fácil decirle sí al cambio. Somos seres insatisfechos buscando consuelo; algunos más activos que otros; muchos, tristemente, paralizados, desilusionados y con la esperanza perdida.

Si tenemos un poco de suerte, nuestro destino conocerá la fortuna y en un beso entre ellos experimentaremos la eternidad y estaremos dispuestos a entregar nuestra libertad.

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