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Soy humana, soy frágil, soy mortal

Olvídate de lo que has aprendido sobre lo que es el tiempo —alguien dice— y tómalo como el presente, es más, olvídate del presente y enfócate en estar significativamente en presencia. Escúchate respirar, escucha el latido de tu corazón, escúchate. ¿Quién eres? ¿Eres quien respira? ¿Eres quien escucha que respira? ¿Eres quien observa escucharte respirar? Eres presencia. Sólo quien logra observarse logra vivir en paz, vivir en plenitud, vivir con sentido y sin limitaciones creadas por la mente.
Nada sucede afuera de tu presencia, es tu presencia la que da significado armónico. Cuando no te observas el único significado que das es utilitario, instrumental, fugaz. La verdad emerge cuando observas lo que captan tus sentidos sin la carga de los significados instrumentales que les has dado en el pasado.

Como ser humano, encauso el potencial del ser en presencia a mi situación (como quien dirige la luz de una linterna) y elijo. ¿Cuál es el propósito? Ser y estar ahí para disfrutarlo. La experiencia tiene vigencia: el ser humano es extremadamente frágil, extremadamente preciado. El ser humano es mortal. Cuando ya no iluminas a través de una lámpara, lo iluminas todo.

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