El hombre, un ser para la muerte

Si existe un destino del hombre es la muerte. Ningún ser humano carece de este conocimiento fundamental, sin embargo muchos se empeñan en creer que no es su realidad y viven como inmortales. Los inmortales, como los animales, carecen de la noción de fragilidad exclusiva del ser humano. Los inmortales no son humanos.

¿Qué puede ser más preciado que lo finito y lo único?

Sólo quien se asume finito y único vive en plenitud. No sabemos que hay después de la muerte, lo que sí sabemos es que no hay "la vida", no hay "el mundo físico", no se posee un cuerpo para sentir. La vida sucede mientras respiras.

Pasar del saber al ser en conciencia es un paso fundamental. Preguntarse por qué es el ser, es fundamental, es La Pregunta. Quien se lo pregunta presiente su fragilidad, se sabe preciado. La respuesta jamás la hallará en la ciencia, tampoco en la teología.

Experimentar no es saber. Me parece que no hay una palabra para describir el nivel de conocimiento al que me quiero referir. Algunos le llaman vivenciar, otros experienciar, más coloquialmente sería algo así como "te cae EL veinte" o "te iluminas".

Hoy me he enterado que una de esas grandes personas que iluminan ha dejado de ser en el mundo. Carmen, mi profesora de Ontología, que en su penúltima clase habló de El inmortal de Borges hoy me ha dado la clase final: somos un ser para la muerte y aún así nunca estamos preparados para ello.

«Vivir es una especie de locura que la muerte comete. Porque en ellos vivimos, vivan los muertos» Clarice Lispector

Flor Coss

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