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La vida es imperfecta

…o quizá es lo contrario.

La mirada humana que busca la perfección busca simetría, limpieza, líneas definidas, propósito, para qués, sentido, fijación, eternidad… como la creación de una computadora que no se separa de la norma marcada por la fórmula que replica sin cesar. 

Lo s árboles crecen asimétricos, algunas de sus ramas están secas mientras otras está verdes verdes. El pasto crece disparejo y el silencio continuamente es interrumpido. Pones los pies en el pasto para sentir su humedad y esa apertura te dispone a sentir el insecto que se posa en tu empeine y te pica. 

La perfección no existe… o quizás sí, en todo caso no es la perfección que me enseñaron cuando me regañaban por no hacer la letra redondita y parejita, o por no ser mejor casi al punto de adivinar lo que se espera de mí y entregarlo sin dilación. 

Soy como los árboles, asimétrica. Derecha por aquí, chueca por allá. Unas partes secas otras húmedas. No soy ese árbol que cuelga sus ramas al lago ni aquel que se extiende al cielo. Soy este árbol. No puedo dar cerezas pero de vez en vez lanzo una flor. Mis flores no son pomposas como los de aquél pero no por ello menos bellas. Comparándome, nunca seré aquello porque soy esto, ahorita. Es estéril la comparación, hasta aquella de uno mismo con uno mismo porque en las no-coincidencias está la falta. 

La vida es perfecta en tanto aceptas que es como es y dejas de esperar que sea otra cosa o dejas de esperar que siga siendo igual. 

La vida es un continuo soltar y confiar, y cuando lo logras es perfecta. 

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